Leonardo Quijarro Santibáñez



Leonardo Quijarro Santibáñez

El día sábado recién pasado se reunieron en Alaska, en la Base Conjunta “Elmendorf-Richardson” de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos (EE.UU.), los presidentes de Rusia, Vladimir Putin, y el de los EE.UU., Donald Trump, bajo el título de “Alaska 2025 Persiguiendo la Paz”, con el propósito de poner fin una guerra que ya completa más de tres años entre Rusia y Ucrania.

El día miércoles 15 de julio, Israel efectuó ataques sobre la capital de Siria, Damasco, bombardeando específicamente, el Ministerio de Defensa de ese país, generando expectación y llevando a preguntarse si, en el ya conflictivo Oriente Medio, se ha abierto una nueva guerra. Las reacciones en las horas posteriores, declaraciones de las diversas autoridades y el flujo de información aparecida en diferentes medios parecieran indicar que no es el caso. Vale la pena preguntarse entonces, ¿por qué estas acciones no tuvieron los mismos efectos que aquellos realizados sobre Irán?

El día 13 de junio recién pasado, Israel puso en marcha la “Operación León Creciente”, atacando diferentes instalaciones asociadas al programa de desarrollo nuclear de Irán, los sistemas de defensa antiaérea de este país además de neutralizar actores relevantes en la estructura militar iraní y científicos de el citado programa de desarrollo nuclear.

El presente año, como pocos en décadas recientes, ha sido una ebullición de situaciones que han afectado a diferentes partes del mundo. A propósito de la globalización e interconexión, los efectos de estos eventos se sienten, con diversa intensidad, pero, casi con seguridad, en la mayor parte de las regiones del globo.


El mundo quedó atónito por la magnitud de la acción militar, acción que en cualquier otra parte habría sido “casus belli”; sin embargo, en Oriente Medio los eventos se miden con una vara diferente. En su oportunidad, el Primer Ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, expresó “El régimen iraní no comprende nuestra determinación de defendernos ni de tomar represalias contra nuestros enemigos”. El tiempo transcurrió y no hubo acción en respuesta alguna.


El día 2 de febrero, el presidente de los Estados Unidos de Norteamérica se reunió por primera vez desde que asumiera su segundo mandato con el presidente de Ucrania, Volodomir Zelenski. En un encuentro que generó múltiples reacciones de prensa, dado se produjo un fuerte cruce de palabras entre ambos mandatarios, entre los cuales destacó la aseveración que el norteamericano realizara al decirle al ucraniano “Usted no tiene cartas”, queriendo con ello destacar la dependencia tenía Ucrania de la ayuda de occidente y, en particular de Estados Unidos, para continuar con la guerra con Rusia, que ya supera los tres años.

El 7 de diciembre de 1941, Estados Unidos de Norteamérica y el mundo despertaron con la abrumadora realidad del ataque sufrido por la flota del Pacífico del mencionado país en Pearl Harbor, Hawaii. Más allá del resultado de esta acción militar, ésta marcó el cambio de una era en el empleo de medios en la guerra en el mar, cediendo su posición de liderazgo los grandes navíos blindados como eran los acorazados para ver el ingreso a la escena mundial los aeródromos flotantes, los portaaviones, desplegando aeronaves con capacidad de alcanzar al adversario mucho más allá de los alcances conocidos, disfrutando de una mayor flexibilidad en su despliegue y versatilidad en su empleo.

El pasado 6 de mayo, el presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, Donald Trump, informó que el grupo islámico de los Hutís que opera desde Yemen había capitulado, por lo que ordenaría cesar los bombardeos que estaban realizando sobre el territorio de este país ubicado al sur de la península arábiga, tanto por aviones norteamericanos, basados en el portaaviones USS Harry S. Truman que está operando en el mar Rojo y por bombarderos estratégicos B-2, como por aquellos realizados por aviones de la Fuerza Aérea de Israel operando desde este país.


Durante el último siglo nuestro planeta ha sufrido, incrementalmente, una variación en sus temperaturas y clima en general, cuyos efectos y potenciales consecuencias se estudian y difunden, por lo menos, desde mediados del siglo pasado. Estas variaciones han ido definiendo una serie de documentos e información la que la comunidad global ha enmarcado en el concepto de Cambio Climático.

La crisis arancelaria que se ha producido a propósito de una nueva tabla de estos gravámenes impulsada por los Estados Unidos de Norteamérica busca, a través de este mecanismo, devolver a esta nación a una posición de liderazgo a nivel mundial en todas las dimensiones del Poder Nacional, vale decir, desde la perspectiva económica, política (tanto interna como externa), diplomática y militar, irrumpiendo en cada uno de estos ámbitos en la escena mundial con diferentes acciones desde que asumiera su segundo mandato el presidente Donald Trump.