“Learning is not made. It is allowed.” (El aprendizaje no se hace. Se permite.) —Sugata Mitra
La educación está siendo seducida por la tentación de la eficiencia cognitiva sin responsabilidad intelectual. Pero educar no es automatizar. No es facilitar. No es optimizar. Es cultivar humanidad en tiempos donde lo humano está en redefinición. La pedagogía que sobreviva a la IA no será la más adaptativa —será la más deliberativa. La pregunta no es si el alumno usará IA. La pregunta es si sabrá hacerle preguntas que desafíen sus límites.
Hoy existen sistemas que pueden ajustar el ritmo de enseñanza según el estilo cognitivo del estudiante. Plataformas que detectan distracción, fatiga, desinterés. Herramientas que anticipan dificultades antes de que se manifiesten. En su mejor versión, la IA puede ser un curador de contenidos relevantes para cada estudiante, además de un mentor que acompaña procesos de aprendizaje diversos, y un espejo que devuelve patrones de comprensión, lagunas, talentos. Eso puede mejorar significativamente la formación básica del alumno en sus primeros años, que son los más importantes en su desarrollo cognitivo.
Eso no hace de la IA ni la única herramienta de formación ni la más importante, que seguirá estando en manos de los docentes. La IA puede transmitir información, incluso generar ejercicios creativos. Pero no puede enseñar empatía, sentido, contradicción, diálogo interior. No puede imitar el temblor humano frente a una pregunta sin respuesta. Si el valor de la educación está en formar ciudadanos críticos, sensibles, capaces de actuar con criterio en la incertidumbre, entonces la labor docente no se automatiza: se redimensiona. Lo humano no queda obsoleto, queda ampliado. El rol del educador se transforma en diseñador de experiencias, mediador ético, arquitecto de contextos.
La IA debe ser un apoyo fundamental en la base misma de la educación. Como herramienta que sirva para aprender a escribir y a leer; a pensar críticamente; a aprehender los conocimientos que se van aprendiendo, generando una experiencia de aprendizaje parecida a la que se aplica en marketing como “customer journey”. Podríamos denominarla “learning journey”. La IA puede detectar qué aspectos del proceso de aprendizaje requieren de refuerzos para cada alumno, y puede definir cuáles son los contenidos y actividades para dicho refuerzo.
La IA acompañará al alumno desde prekínder hasta siempre – porque la formación no va a terminar en la Universidad, sino que va a ser un proceso continuo. Hace ya mucho tiempo que esto se ha visto así. Se trata del “life long learning” (aprendizaje continuo durante toda la vida). En gran parte debido a la IA el conocimiento va a crecer de forma exponencial, y tendremos que aprender a estar al día. Pero de igual forma que la IA será en parte responsable de ese crecimiento en el conocimiento, también la IA será la herramienta que nos permitirá aprender continuamente, más rápido, y mejor.
Alfredo Barriga
Profesor UDP
Autor de "Presente Acelerado - La Sociedad de la Inteligencia Artificial y la urgente redefinición de lo humano", en preparación