Chile ha construido un sistema de información sobre empleabilidad referente en la región. Pero es aún necesario avanzar desde sólo registrar la existencia de un empleo, hacia comprender las trayectorias laborales de los egresados y el rol que puede desempeñar el sistema formativo para fortalecerlas.
Cuando alguien decide estudiar una carrera, la oferta implícita es clara en cuanto a que “al final del ca mino habrá un empleo acorde y una remuneración que lo justifique”. Esa promesa es el fundamento que ha sostenido la expansión de la educación superior en Chile y el sistema universitario lo sabe, y por eso mide empleabilidad. El problema es que la está midiendo mal, con consecuencias para quienes deciden con esa información.
En su versión oficial, el indicador que publica el portal Mi Futuro es el siguiente:
Empleabilidad = (titulados con actividades en SII al 1er año / total de titulados con registro SII) × 100
Esto es un avance en transparencia, porque cubre 1.740 combinaciones de carrera e institución. Pero, el propio portal lo advierte: la información es "una foto del momento" puesto que entre la decisión de estudiar y la titulación, el mercado laboral cambia de manera difícil de predecir. Entre los límites metodológicos está el que dicho indicador solo incluye a quienes tienen inicio de actividades en el SII, de modo que quien trabaja en la informalidad o como independiente sin declarar impuestos queda excluido, aunque esté empleado. El índice tampoco distingue calidad y pertinencia. Además, la fotografía es del primer año, que es el peor momento de cualquier trayectoria laboral. Una persona en alta rotación, en subempleo o en una ocupación sin relación con su formación aparece en ese registro igual que alguien consolidado en su área.
Por lo tanto, lo que el indicador captura no es la calidad de la inserción laboral, sino su existencia mínima en el registro tributario. La diferencia importa y la evidencia internacional lo confirma. La idea sería transitar hacia una medición compuesta:
Empleabilidad = f(I, P, E, Pr)
Donde la inserción (I) mide ocupación formal más allá del umbral mínimo; la pertinencia (P) evalúa si el empleo es coherente con la formación recibida; la estabilidad (E) considera la continuidad del vínculo laboral; y la progresión (Pr) observa la evolución de ingresos y nivel ocupacional en el tiempo.
El modelo australiano Graduate Outcomes Survey, implementa una lógica similar y muestra que la tasa de empleo de tiempo completo sube en promedio 20 puntos porcentuales entre el primer y el tercer año de egreso, ya que un sistema que solo mira el primer momento pierde lo más relevante.
A esto se suma una confusión frecuente en los planes institucionales y que es tratar la titulación oportuna y la empleabilidad como si midieran lo mismo. La primera evalúa la capacidad del sistema formativo para llevar a los estudiantes hasta el egreso en tiempos razonables; la segunda observa en qué medida esa formación logra traducirse en resultados en el mercado laboral. Son indicadores relacionados, pero no equivalentes. Mejorar la titulación oportuna puede contribuir a la inserción inicial, pero no asegura por sí mismo trayectorias laborales de calidad. Confundirlos conduce a intervenciones que optimizan procesos internos sin necesariamente impactar los resultados que importan a quienes estudian.
Por otra parte, las dificultades de inserción no pueden atribuirse solo al sistema formativo. Según la OCDE, Chile presenta una de las brechas más altas de la región entre el nivel de calificación de su fuerza laboral y la demanda efectiva de empleos de alta complejidad. Lo que sí está en manos de las instituciones es mejorar cómo miden, qué hacen con lo que miden y cómo vinculan esa información a decisiones curriculares. La CNA establece que el estándar no consiste en tener datos, sino en evidenciar su uso sistemático para la mejora. Ese es el salto pendiente.
La pregunta que el sistema universitario chileno debe hacerse no es “cuántos egresados consiguen trabajo al primer año”, sino “cuántos lograr construir trayectorias sostenibles y pertinentes”. Ese es el indicador que los futuros estudiantes deberían poder consultar antes de decidir qué y dónde estudiar, y es el espacio donde las direcciones de empleabilidad tienen todavía mucho que decir.
Prof. Luis A. Riveros, Profesor Emérito, Universidad de Chile
Prof. Nassib Segovia, académico y especialista en educación superior.