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Nassib Segovia-Luis Riveros |
Las universidades chilenas han avanzado de modo importante en la formalización de sus procesos académicos y cuentan con reglamentos muy claros para evaluar las trayectorias de quienes desarrollan su carrera dentro de ellas.
La idea de prestigio universitario se construyó alrededor de atributos reconocibles como el campus, la selectividad, la investigación, la amplitud de la oferta o las credenciales docentes.
Quien en la actualidad inicia hoy una carrera, seguirá probablemente trabajando durante los próximos 40 o 50 años en un escenario profesional difícil de anticipar: En efecto, durante ese tiempo cambiarán tecnologías, ocupaciones y formas de resolver problemas; algunas capacidades seguirán siendo relevantes y otras, que aún no conocemos, pasarán a formar parte de un transformado ejercicio profesional. La pregunta para la educación superior no es entonces cómo anticipar todo aquello que una persona necesitará saber, sino cómo formarla hoy para que pueda seguir aprendiendo mucho después de haberse titulado.
En dos columnas anteriores abordamos la educación rural como transformaciones que comienzan a modificar las oportunidades de quienes viven fuera de los grandes centros urbanos.
Hay una pregunta que pocas veces aparece en los diagnósticos sobre educación rural: ¿qué ocurriría si dejáramos de medirla por lo que le falta y se reconocen sus principales fortalezas?
Casi el 30% de los establecimientos educacionales de Chile son rurales: en ellos estudian aproximadamente 280 mil estudiantes y trabaja cerca del 12% de los docentes del país. Aún así, cuando se habla de inteligencia artificial (IA) aplicada a la educación, la conversación suele concentrarse en colegios urbanos, laboratorios tecnológicos o nuevas plataformas digitales.
La acreditación institucional es mucho más que un procedimiento administrativo, puesto que constituye la principal señal pública mediante la cual una institución de educación superior acredita ante sus estudiantes, sus familias y la sociedad que desarrolla su proyecto educativo con estándares de calidad, consistencia y responsabilidad.
La universidad se ha desarrollado en el mundo cimentada en dos condiciones sine qua non. Por una parte, la existencia de un sistema que reconoce el seniority académico y por otra, la participación de la comunidad académica en la definición de las orientaciones estratégicas y del propio gobierno universitario.
Las universidades se distinguen de cualquier otra organización porque su principal activo no son sus edificios ni sus recursos financieros, sino la libertad con que sus comunidades pueden crear, debatir y generar conocimiento nuevo. Por ello, la forma en que se ejerce la gobernanza no constituye un asunto meramente protocolar o administrativo, sino una condición que determina la calidad académica, la capacidad de innovar y en último término, la propia identidad universitaria.