Nassib Segovia-Luis Riveros



Nassib Segovia-Luis Riveros

Tras cada empresa innovadora, cada descubrimiento científico y cada profesional que transforma una organización existe una larga historia de aprendizajes iniciada en una sala de clases. Por ello, no es posible hablar de inversiones estratégicas para un país sólo considerando infraestructura, innovación, IA o capital humano avanzado. Debe también destacarse la “formación de profesores de excelencia”. una inversión cuyos efectos se extienden por generaciones y que rara vez figura en los análisis económicos.

El debate sobre educación superior se ha concentrado en el modo de evaluar el desempeño interno de las instituciones, brindando especial atención a matrícula, procesos de acreditación, producción científica y resultados de titulación.

La próxima frontera de la calidad universitaria: aprender de la propia enseñanza



Durante las últimas décadas, Chile ha experimentado una transformación profunda de su sistema educativo, marcada por la expansión de cobertura escolar Y el aumento sostenido de la matrícula en educación superior. La gratuidad, la Ley de Inclusión Escolar y diversas políticas de acceso ampliaron significativamente las oportunidades de participación educativa 

De la falta de coordinación entre las lógicas académica, operativa y comercial, surge una dificultad concreta: se vuelve difícil distinguir si acaso una reducción en la duración declarada de una carrera responde a un rediseño formativo o a un puro ajuste de indicadores 



Revisar la duración de las carreras universitarias es una preocupación legítima, no solo por los costos que enfrentan las familias, sino también por el tiempo que media entre el ingreso y la inserción laboral, así como también por tasas de abandono persistentes que dan cuenta de un diseño que merece una revisión más crítica de la que habitualmente recibe. La pregunta de fondo es si el diagnóstico que orienta este debate está correctamente construido. 

Las recientes medidas para reforzar el cobro del Crédito con Aval del Estado y la discusión sobre la sostenibilidad de la gratuidad han vuelto a despertar el debate sobre financiamiento universitario. Pero se corre el riesgo de volver a concentrar el debate en la mecánica financiera del sistema, girando una vez más en torno a quién paga la cuenta y cómo ésta se cobra, sin abordar la pregunta de fondo: ¿qué sistema de educación superior quiere sostener Chile y con qué lógica pública está dispuesto a financiarlo?


Las crisis de gobernanza universitaria rara vez comienzan cuando el conflicto se hace público; en rigor, cuando una disputa entre directorio, junta directiva, rectoría o decanaturas llega a la esfera pública, el problema ya no es el conflicto en sí, sino la señal de que los mecanismos internos de conducción, deliberación y resolución institucional han fallado.

Cuando alguien decide estudiar una carrera, la oferta implícita es clara en cuanto a que “al final del ca mino habrá un empleo acorde y una remuneración que lo justifique”. Esa promesa es el fundamento que ha sostenido la expansión de la educación superior en Chile y el sistema universitario lo sabe, y por eso mide empleabilidad. El problema es que la está midiendo mal, con consecuencias para quienes deciden con esa información.

En Chile existe un grupo reducido de Escuelas de Negocios que han logrado acreditaciones internacionales exigentes. Instituciones tales como la U. de Chile, la PUC, la UAI y la ESE Business School cuentan con acreditaciones de prestigiosas entidades como AACSB o AMBA, así reflejando avances relevantes en estándares académicos y gobernanza.