​Estrategia en el debate universitario. Internacionalización: estándares, no símbolos.

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Nassib Segovia Luis Riveros



La internacionalización se ha convertido en un indicador casi obligatorio en educación superior. Convenios firmados, estudiantes en intercambio, académicos visitantes o posiciones en rankings suelen presentarse como prueba de avance. Son señales visibles, pero insuficientes. Internacionalizar, en sentido estricto, no es sumar actividades, sino integrar de manera intencional una dimensión internacional e intercultural en la docencia, la investigación y la vinculación, con el propósito de mejorar la calidad y así aportar a la sociedad.


El verdadero desafío no es cuántos viajan, sino qué aprenden los estudiantes. La internacionalización con sentido comienza en el currículo, es decir: los perfiles de egreso, la incorporación de perspectivas comparadas, el diseño de resultados de aprendizaje intercultural y la certeza de que las experiencias internacionales, presenciales o virtuales, incidan directamente en lo que el estudiante sabe y es capaz de hacer. La movilidad no puede limitarse a una minoría; su sentido debe proyectarse en una formación global transversal que beneficie a todos, incluso sin salir físicamente del país.


En el contexto chileno, el marco de aseguramiento de la calidad está impulsando justamente ese tránsito desde la actividad hacia la evidencia. Si la acreditación exige coherencia con la misión institucional, mejora continua y demostración de resultados e impacto, entonces medir solo movilidad, convenios o bilingüismo es dejar las cosas sólo en la superficie.


Las preguntas relevantes son más exigentes como por ejemplo, ¿estamos desarrollando competencias globales verificables?, ¿cuántos programas declaran y evalúan resultados de aprendizaje interculturales?, ¿cuántos cursos incorporan proyectos colaborativos internacionales (como COIL - Aprendizaje Internacional Colaborativo en Línea o intercambio virtual) integrados al plan de estudios?, ¿fortalece efectivamente la colaboración internacional a la docencia y la investigación o solo amplía redes formales?


Avanzar hacia una internacionalización integral requiere tres movimientos convergentes. Primero, un rediseño curricular coherente con el perfil de egreso, donde lo internacional se exprese en resultados de aprendizaje, evaluación y prácticas pedagógicas. Segundo, métricas alineadas con impactos formativos y no solo con actividades que permitan retroalimentar decisiones académicas. Y tercero, integración en la gobernanza universitaria: la internacionalización no puede descansar únicamente en una unidad que administre convenios sin metas académicas claras, seguimiento ni evidencia de resultados; debe articularse con la planificación estratégica, el aseguramiento interno de la calidad y el desarrollo docente.


Internacionalizar no es imitar modelos externos ni acumular acuerdos con baja movilidad. Es poner la identidad institucional en diálogo con el mundo y traducir esa conversación en mejoras concretas en la formación.


El tránsito conceptual está planteado; el desafío pendiente es operacionalizarlo con coherencia, visión y liderazgo académico integrado. “Una universidad que no puede demostrar impacto formativo a partir de la internacionalización está gestionando símbolos, no estándares”. Sólo cuando esa dimensión se traduzca en resultados verificables, articulados al perfil de egreso y a la mejora continua, la internacionalización dejará de ser un enunciado aspiracional para consolidarse como un verdadero instrumento de calidad y transformación estructural en la educación superior.


Prof. Luis A. Riveros, Profesor Emérito, Universidad de Chile

Prof. Nassib Segovia, académico y especialista en educación superior.

europapress