Estrategia en el debate universitario: Brechas en la formación de MBAs

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Nassib Segovia Luis Riveros (1)

En Chile existe un grupo reducido de Escuelas de Negocios que han logrado acreditaciones internacionales exigentes. Instituciones tales como la U. de Chile, la PUC, la UAI y la ESE Business School cuentan con acreditaciones de prestigiosas entidades como AACSB o AMBA, así reflejando avances relevantes en estándares académicos y gobernanza. 


Sin embargo, el sistema en su conjunto todavía está lejos de esos niveles de internacionalización y producción intelectual que caracterizan a las principales business schools del mundo. Además, esos casos destacados no representan al sistema en su conjunto y la distancia entre las instituciones líderes y el resto es parte del problema. La pregunta de fondo sigue pendiente y es ¿qué tan preparado está el sistema completo para formar a los líderes que requerirá una economía cada vez más tecnológica, incierta y global? En particular, una pregunta relevante es ¿cuán preparados están los futuros líderes en toma decisiones desde empresas insertas en la realidad social, además de la estrictamente financiera?


El diagnóstico no es alentador, la tecnología sigue llegando tarde las instituciones formadoras: la IA para negocios y la analítica se reduce todavía a contenidos complementarios, no competencias centrales. La investigación aplicada en gestión es escasa y muchas escuelas funcionan más como proveedores de certificaciones que como generadoras de conocimiento sobre cómo se dirigen organizaciones en economías como la chilena. La vinculación con ecosistemas de innovación sigue siendo puntual, la internacionalización se mide más en convenios que en colaboración académica real y los programas MBA se parecen tanto entre sí que resulta difícil distinguirlos más allá del nombre de la institución que los respalda.


De todas estas brechas, hay una que condiciona a las demás y es la ausencia de investigación propia. Sin producción de conocimiento, una escuela de negocios no es más que una academia de certificaciones. Y sin conocimiento propio, tampoco hay identidad académica, ni diferenciación posible, ni capacidad real de influir en el debate económico del país, ni de proyectar las consecuencias de las decisiones a nivel de la sociedad en su conjunto.


Hay una diferencia importante entre modernizar un MBA y transformar de verdad una escuela de negocios. Lo primero es manejable ya que se actualizan contenidos, se incorporan cursos de inteligencia artificial, se rediseña el formato y modalidad. Lo segundo es estructural y bastante más incómodo, porque implica que las rectorías han de decidir con claridad si acaso sus escuelas son unidades de negocio restringidas a la producción de réditos financieros, o son verdaderos espacios para generar conocimiento y que los decanos elijan entre optimizar rankings o construir una identidad académica que los distinga.


Las escuelas que lideren la próxima etapa no serán las mejor posicionadas en una lista, sino las que tengan algo propio que decir sobre cómo se forman líderes en economías como la chilena. Las empresas tampoco pueden quedarse al margen, ya que, si demandan líderes para entornos complejos, tendrán que involucrarse en programas que integren aprendizaje aplicado e innovación real, porque el costo termina limitando la capacidad del país para adaptarse y crecer.


La discusión de fondo no es qué institución aparece mejor posicionada en un cierto ranking. El tema es si acaso Chile está dispuesto a constituir escuelas de negocios que produzcan conocimiento, formen líderes con criterio propio y contribuyan al desarrollo económico del país con una visión amplia. Mientras esa pregunta no se responda con decisiones concretas, el cambio seguirá siendo más discursivo que real.


Prof. Luis A. Riveros, Profesor Emérito, Universidad de Chile

Prof. Nassib Segovia, académico especialista en educación superior.

europapress