Estrategia en el debate universitario: el segundo titulo y la urgencia de un estándar equivalente

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Nassib Segovia Luis Riveros

Durante años, la prosecución de estudios fue considerada un segmento sólo complementario del sistema universitario. Hoy eso ha cambiado: los registros oficiales (SIES) muestran una expansión sostenida de la oferta y matrícula en programas online especialmente en modalidades orientadas a adultos trabajadores. Este crecimiento ha sido constante y progresivo, consolidándose en diversas universidades privadas como una línea estratégica. En ese contexto, los programas de segundo título profesional, conocidos en muchos casos como “Advance”, que se brindan mayoritariamente en formato online, se han convertido en una vía concreta de inserción laboral para quienes buscan fortalecer o diversificar sus antecedentes sin abandonar el empleo.


El crecimiento de los programas Advance no responde solo a decisiones institucionales. Existen factores estructurales que lo impulsan como es el envejecimiento de la cohorte tradicional de ingreso universitario, la desaceleración demográfica, la transformación tecnológica de los empleos y una mayor movilidad laboral que exige credenciales formales para sostener trayectorias diversificadas. En un mercado laboral más inestable, el segundo título deja de ser una aspiración académica y se transforma en una herramienta estratégica de reconversión y progresión laboral.


Desde la perspectiva institucional, la continuidad de estudios también ha permitido diversificar ingresos y reducir la dependencia del pregrado tradicional, cuyo crecimiento se ha moderado. Para varias universidades privadas esta línea ya no es marginal, sino parte fundamental de su arquitectura financiera, ya que el estudiante adulto, que suele financiar directamente su formación, representa además un flujo menos dependiente de los esquemas clásicos de financiamiento público. Sin embargo, el dinamismo del segmento abre una pregunta incómoda: ¿está siendo evaluado con la misma rigurosidad que el pregrado tradicional? Si la acreditación pública se concentra principalmente en carreras diurnas y en la matrícula escolar reciente, este segundo motor del sistema puede expandirse en ausencia de un análisis proporcional a su relevancia.


La discusión no es menor, ya que, si el título y el grado académico son los mismos, el estándar debe ser equivalente en horas pedagógicas, exigencias curriculares, evaluaciones y requisitos para la titulación. La equivalencia del perfil de egreso no puede quedar en declaraciones institucionales; requiere evidencia verificable.


En este escenario, el rol de la acreditación resulta decisivo, ya que cuando una institución se enfrenta a ella, cabe preguntarse si la prosecución de estudios está siendo evaluada con la misma rigurosidad que el pregrado tradicional y si acaso existen indicadores específicos para medir su impacto laboral y calidad efectiva. Si la fiscalización no crece al mismo ritmo que el segmento, el riesgo deja de ser solo académico y se vuelve reputacional para todo el sistema. La responsabilidad tampoco recae únicamente en las instituciones; los empleadores también cumplen un papel relevante. Si demandan credenciales formales, deben valorar la calidad efectiva de los programas y no solo el título en abstracto. De lo contrario, el propio mercado puede terminar incentivando una expansión sin suficiente diferenciación de estándares.


La prosecución de estudios ya no puede entenderse como un mercado secundario, ya que se ha convertido en una pieza estructural del sistema universitario chileno y precisamente por ello, exige mayor transparencia, evaluación proporcional y estándares defendibles. Cuando un segmento deja de ser marginal y pasa a representar una fracción significativa de la matrícula adulta, su regulación no puede seguir tratándolo como excepción. Si su crecimiento no se acompaña de evidencia pública de calidad e impacto, el sistema corre el riesgo de expandirse en términos cuantitativos sin construir legitimidad social, lo que podría incluso tensionar la valoración del mismo grado académico, por lo tanto, la consolidación del modelo dependerá, por tanto, de que su desarrollo avance bajo supervisión rigurosa, con resultados demostrables y no simplemente al ritmo de la demanda. 


Prof. Luis A. Riveros, Profesor Emérito, Universidad de Chile. 

Prof. Nassib Segovia, académico y especialista en educación superior.

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