Sr. Director:
La violencia escolar observada en Chile no puede entenderse como un hecho aislado ni abordarse únicamente con respuestas punitivas. La evidencia internacional indica que estos eventos emergen de trayectorias en las que confluyen la desregulación emocional, las experiencias de exclusión y climas escolares debilitados, lo que exige intervenciones sistémicas.
Medidas como los detectores de metales pueden ofrecer una respuesta inmediata, pero no inciden en los determinantes psicosociales e histórico-culturales de la violencia. Por el contrario, experiencias en Finlandia, Reino Unido y Canadá muestran que las estrategias más efectivas combinan prevención, intervención y reparación. Las prácticas restaurativas han demostrado reducir la violencia, mejorar el bienestar emocional y fortalecer el sentido de pertenencia mediante el diálogo, la responsabilidad y la reconstrucción de vínculos.
La evidencia también destaca el rol del clima escolar: entornos basados en la confianza, la participación y el respeto disminuyen la agresión y favorecen el desarrollo socioemocional.
En Chile, el desafío no es endurecer sanciones, sino implementar políticas de convivencia que integren la detección temprana, el apoyo en salud mental y la formación docente. La seguridad escolar se construye desde comunidades capaces de anticipar el conflicto y de transformar el malestar en aprendizaje colectivo.
Eduardo Sandoval-Obando
Investigador Universidad Autónoma de Chile