La geografía única de Chile, que alberga vastas reservas de agua dulce, alta capacidad de captura de carbono y un ecosistema privilegiado para el desarrollo de energías renovables, ha transformado al país en un hub mundial de vanguardia ambiental que hoy atrae las miradas de inversionistas de todo el mundo.
Actualmente, los precios por hectárea destinados a la conservación ambiental fluctúan entre los USD $100 y USD $500, dejando un margen para que los distintos tipos de inversores se interesen en estas tierras. Capitales provenientes de Estados Unidos, Alemania y China, junto a las principales oficinas de inversión locales, han puesto su atención en el sur del país con un propósito claro: conservar y valorizar los activos ambientales de Chile.
A esto se suma el liderazgo tecnológico e industrial en materia de transición energética. Chile ya cuenta con proyectos de calibre mundial como HIF Haru Oni, en la Región de Magallanes, la única planta operativa del mundo dedicada a la producción de hidrógeno verde y combustibles sintéticos a base de viento y agua, demostrando que el país tiene la capacidad técnica de liderar la descarbonización global, que ha recibido más de 2.900 visitantes de todo el mundo desde su inauguración en 2022.
Para que este flujo de capitales ocurra, la certeza jurídica es clave. Es aquí donde herramientas como el Derecho Real de Conservación (DRC) juegan un rol fundamental. Esta figura legal permite gravar predios privados para garantizar su protección ambiental a largo plazo, independientemente de quién sea el propietario, entregando la seguridad que los fondos exigen para desplegar sus recursos.
El siguiente paso: Democratizar la conservación
Sin embargo, el verdadero potencial de Chile para consolidar este "sello verde" no radica en mantener la conservación como un activo exclusivo de grandes corporaciones o magnates filántropos, sino más bien democratizar el acceso a la misma como afirma el gerente operacional de Genau Green, Camilo González, “contrario a la creencia popular, este proceso no significa simplemente rebajar las tarifas de entrada a los Parques Nacionales. El concepto va mucho más allá: implica diseñar e implementar nuevos productos de participación financiera e inversión en activos alternativos, que permitan a los ciudadanos comunes sumarse a esta iniciativa, invirtiendo ellos también en la conservación”.
El objetivo es crear vehículos de inversión accesibles mediante los cuales las personas, además de educarse profundamente en torno a la naturaleza, también puedan invertir en ella y co-crear valor, el gerente de operaciones de Genau Green afirma que la forma de llevarlo a cabo es “poniendo énfasis en diseños pensados y desarrollados con el objetivo de cuidar el medio ambiente y preservar debidamente el área”.
Al permitir que el ciudadano de a pie sea socio y beneficiario directo de los proyectos de conservación, Chile no solo protegerá sus ecosistemas, sino que creará una cultura país profundamente conectada con su patrimonio natural, blindando su modelo de desarrollo hacia el futuro.
Chile ya demostró que tiene las condiciones naturales y la infraestructura para atraer al capital global. Ahora, el camino hacia la vanguardia absoluta exige abrir las puertas para que la conservación sea un motor de desarrollo económico y social inclusivo.