Jorge Sabat, Investigador Instituto de Políticas Económicas U. Andrés Bello

Invertir después del colapso: lo que la historia advierte sobre Venezuela

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JORGE SABAT

Sr. Director:


La tentación de invertir en países que “vuelven a abrirse” es tan antigua como los mercados financieros. Cada vez que cae un régimen, los precios se mueven primero y la historia se verá después. Tras la reciente intervención de Estados Unidos y la detención de Maduro, los activos con exposición venezolana subieron con fuerza y surgen historias sobre reconstrucción, altos retornos y oportunidades perdidas por quienes dudaron demasiado.


Sin embargo, la historia económica sugiere cautela. Los países no se transforman en oportunidades de inversión cuando termina un conflicto, sino cuando se establece un orden político creíble. La reconstrucción del norte de Estados Unidos tras la Guerra Civil o la de Francia después de las guerras europeas no fueron automáticas y estuvieron acompañadas por instituciones que respaldaron las expectativas privadas. En contraste, en el sur estadounidense la inversión ha sido lenta por décadas, pese a la enorme necesidad de capital, precisamente por la fragilidad institucional.


La experiencia chilena en Venezuela ilustra bien esta diferencia. Masisa, que ingresó al país en 2001 con un foco de largo plazo, fue quedando atrapada en un entorno crecientemente adverso. Controles de capital, discrecionalidad regulatoria y cambios arbitrarios en las reglas del juego transformaron progresivamente su inversión en una opción real, un activo con valor contingente cuyo precio hoy aumenta ante la expectativa de un posible cambio de régimen, pero cuyo desempeño estuvo lejos de una trayectoria normal de expansión.


Una historia distinta es la del inversionista Isidoro Quiroga, quien en 2019 incursionó en el negocio de seguros y activos financieros en Venezuela comprando cuando otros salían y operando con estructuras livianas. Su estrategia, de nuevo, se parece menos a una inversión tradicional y más a una opción financiera, con pérdidas acotadas si nada cambia y retornos elevados si el contexto mejora. No hay una apuesta explícita por la normalización, sino por el escenario inesperado.


Ambas estrategias ayudan a entender el escenario. El alza de los bonos venezolanos refleja un cambio en probabilidades de una normalización económica, pero el país sigue enfrentando alto riesgo crediticio, disputas legales, infraestructura deteriorada y una economía informal que aprendió a operar sin Estado. Nada de eso desaparece con este evento geopolítico.


La historia muestra que los mayores errores de inversión ocurren cuando se confunde escasez con oportunidad. La destrucción crea necesidades, pero no garantiza retornos. Estos solo aparecen cuando emergen instituciones mínimamente razonables y una salida clara del conflicto. Hasta entonces, el capital que entra no reconstruye, pero genera opciones.


Para las empresas chilenas, Venezuela aún no es un mercado latinoamericano invertible en sentido tradicional. Sin embargo, la fuerte inmigración venezolana ha permitido aprender sobre preferencias de consumidores y, junto con la necesidad de diversificar riesgos fuera de Chile, no es descartable que varias firmas podrían considerar oportunidades en ese país. Estas solo se materializarán cuando existan señales claras de transición y reapertura ordenada. Porque “invertir con el sonido de los cañones” es invertir en opciones.



Jorge Sabat, Investigador Instituto de Políticas Económicas U. Andrés Bello

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