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Gonzalo Jiménez Seminario |
Como ocurre en muchas organizaciones, los cambios de mando también son momentos de transición donde la gobernanza enfrenta desafíos relevantes. Algo similar ocurre en las empresas cuando se sucede el liderazgo: se abre una nueva etapa que pone a prueba la continuidad, la capacidad de gestión y la forma en que se proyectan las decisiones hacia el futuro.
Como analiza The Conversation France en su edición especial de Marzo 2026, EE.UU. sufre un retraso estratégico crítico. Su modelo militar se basa en tecnología de altísima precisión y costo astronómico. Irán, en cambio, ha perfeccionado la revolución low-cost: drones y misiles baratos producidos en masa.
En las cancillerías de Washington y Bruselas, la estrategia se mide en vectores de fuerza: si se aplica suficiente presión económica (X), se obtendrá una concesión política (Y). Es una lógica de ingeniería, lineal y previsible.
Hace más de un siglo, el chileno Luis Pardo, acompañado de una valiente tripulación, tomó el timón de la Yelcho y se lanzó a los mares antárticos para rescatar a los exploradores de Ernest Shackleton, atrapados en la isla Elefante. Enfrentó tormentas, frío extremo y la incertidumbre de no saber si llegarían a tiempo. Navegó entre esas adversidades confiando en su preparación, su disciplina y el deber hacia quienes dependían de él, tal como lo plasma Juan Francisco Lecaros en su libro “En busca de las entrañas del hielo”.
El anuncio de la renuncia del CEO de Los Andes Copper, Santiago Montt, para asumir como Ministro de Minería, previo al comunicado oficial del Presidente electo José Antonio Kast sobre su gabinete, ha generado un intenso debate sobre la gobernanza corporativa y el impacto en el sector minero de la decisión improvisada de “bajar” al casi-ministro ad-portas de su nombramiento.
Hace pocos días supimos del fallecimiento de Roberto Fantuzzi, empresario y líder gremial que defendió con tenacidad a las pymes hasta el final. Su legado trasciende lo anecdótico: encarnó como pocos en Chile el espíritu del Mittelstand, ese modelo europeo de empresa familiar comprometida con la innovación, el empleo local y el tejido productivo nacional.
El Bósforo se extiende como un espejo líquido —mitad espejismo, mitad herida— mientras el sol se hunde tras las cúpulas de Estambul. Aquí, en Bebek, donde las fachadas neoclásicas de las mansiones que acá llaman yalı, conviven con el bullicio de los “çay”, esas tazas de té, servidas en vasos que recuerdan relojes de arena, Orhan Pamuk nos enseñó a leer no solo una ciudad, sino una condición: “la de habitar un umbral”. Turquía, como América Latina, es un manuscrito reescrito mil veces de derrotas y esperanzas, un territorio donde la identidad se escribe en tinta borrada por siglos de proyectos ajenos.
En la historia de Chile, que es también la historia de sus pioneros y sus empresas, el nombre de Horst Paulmann resuena con contundencia. No fue el azar el que lo condujo a la cumbre, sino la perseverancia y la audacia de quien convierte cada obstáculo en una oportunidad. Desde una pequeña tienda de provincia hasta la inmensidad multinacional de Cencosud, construyó su historia con la intuición de los pragmáticos y la determinación de los dispuestos a forjar su propio destino: La quintaesencia que define a un emprendedor. Su historia no es solo la de un empresario, sino la de un hombre de acción que comprendió que el porvenir pertenece a quienes se atreven a imaginarlo y construirlo.
La noticia sacudió el mercado financiero local: LarrainVial, uno de los actores más importantes de gestión de inversiones en Chile, habría sido parte de un escándalo de gran magnitud. La formalización de ocho de sus ejecutivos en el contexto del bullado caso Factop —que involucra emisión de miles de facturas falsas y posibles actos de corrupción— no solo amenazan con dañar la reputación de la firma, sino también la confianza en el sistema financiero chileno
A la fecha, son casi 350 las startups activas del segmento Fintech en el país, según el sexto estudio Fintech Radar Chile, que muestra un repunte del 16% en el último año y confirma el dinamismo de una industria desafiante, gracias a mayores inversiones. De los 50 millones de dólares de financiamiento en el 2018, saltamos a 500 millones de dólares al 2022, para luego caer hasta 60% en 2023, debido a los ciclos de alza de las tasas de interés. Pese a ello, se calcula que en 2025 los volúmenes de transacciones de las tecnológicas financieras crezca en 60%.