Gonzalo Jiménez Seminario



Gonzalo Jiménez Seminario

Durante décadas, las empresas familiares enfrentaron el desafío de profesionalizar su gestión e institucionalizar sus procesos directivos para competir en un entorno donde la eficiencia y la expansión parecían definir las principales ventajas competitivas.

En tiempos de cambios geopolíticos trascendentales -realineamiento de bloques, crisis energéticas, reconfiguración de cadenas de suministro- los tomadores de decisiones enfrentan una tentación creciente: delegar el juicio estratégico en la inteligencia artificial. Es comprensible. La IA promete procesar volúmenes ingentes de datos, eliminar sesgos emocionales y ofrecer predicciones racionales. Pero hay una pregunta incómoda que ningún board ha formulado en voz alta: ¿puede una máquina sospechar de sí misma? Y si no puede, ¿qué significa eso para quienes confían en ella?

Hablemos de sucesión. Pero no de esa sucesión aburrida de manual -planes, cronograma, perfil de competencias y headhunter-. Esa rara vez funciona, cuando el fundador se va de golpe, el plan se rompe y la empresa entra en coma.


Como ocurre en muchas organizaciones, los cambios de mando también son momentos de transición donde la gobernanza enfrenta desafíos relevantes. Algo similar ocurre en las empresas cuando se sucede el liderazgo: se abre una nueva etapa que pone a prueba la continuidad, la capacidad de gestión y la forma en que se proyectan las decisiones hacia el futuro.

Como analiza The Conversation France en su edición especial de Marzo 2026, EE.UU. sufre un retraso estratégico crítico. Su modelo militar se basa en tecnología de altísima precisión y costo astronómico. Irán, en cambio, ha perfeccionado la revolución low-cost: drones y misiles baratos producidos en masa.

En las cancillerías de Washington y Bruselas, la estrategia se mide en vectores de fuerza: si se aplica suficiente presión económica (X), se obtendrá una concesión política (Y). Es una lógica de ingeniería, lineal y previsible.


Hace más de un siglo, el chileno Luis Pardo, acompañado de una valiente tripulación, tomó el timón de la Yelcho y se lanzó a los mares antárticos para rescatar a los exploradores de Ernest Shackleton, atrapados en la isla Elefante. Enfrentó tormentas, frío extremo y la incertidumbre de no saber si llegarían a tiempo. Navegó entre esas adversidades confiando en su preparación, su disciplina y el deber hacia quienes dependían de él, tal como lo plasma Juan Francisco Lecaros en su libro “En busca de las entrañas del hielo”.

El anuncio de la renuncia del CEO de Los Andes Copper, Santiago Montt, para asumir como Ministro de Minería, previo al comunicado oficial del Presidente electo José Antonio Kast sobre su gabinete, ha generado un intenso debate sobre la gobernanza corporativa y el impacto en el sector minero de la decisión improvisada de “bajar” al casi-ministro ad-portas de su nombramiento.

Hace pocos días supimos del fallecimiento de Roberto Fantuzzi, empresario y líder gremial que defendió con tenacidad a las pymes hasta el final. Su legado trasciende lo anecdótico: encarnó como pocos en Chile el espíritu del Mittelstand, ese modelo europeo de empresa familiar comprometida con la innovación, el empleo local y el tejido productivo nacional.

El Bósforo se extiende como un espejo líquido —mitad espejismo, mitad herida— mientras el sol se hunde tras las cúpulas de Estambul. Aquí, en Bebek, donde las fachadas neoclásicas de las mansiones que acá llaman yalı, conviven con el bullicio de los “çay”, esas tazas de té, servidas en vasos que recuerdan relojes de arena, Orhan Pamuk nos enseñó a leer no solo una ciudad, sino una condición: “la de habitar un umbral”. Turquía, como América Latina, es un manuscrito reescrito mil veces de derrotas y esperanzas, un territorio donde la identidad se escribe en tinta borrada por siglos de proyectos ajenos.