Francisco González Pizarro



Francisco González Pizarro

Buscar trabajo dejó de ser hace tiempo un ejercicio que se resuelve simplemente enumerando años de experiencia y conocimientos técnicos. Hoy, en un mercado laboral cada vez más competitivo, también importa la capacidad de comunicar lo que sabemos hacer, presentar adecuadamente nuestra trayectoria, enfrentar una entrevista y construir relaciones profesionales que puedan abrir nuevas oportunidades.

Según un reciente estudio realizado por el Observatorio del Contexto Económico de la Universidad Diego Portales (OCEC-UDP), las personas mayores de 50 años demoran 10,5 meses en encontrar trabajo, siendo el grupo de la población cesante que mayor tiempo tarda en reinsertarse laboralmente.

Actualmente, muchas organizaciones entienden que el bienestar de las personas no es un beneficio adicional, sino un elemento esencial para alcanzar un crecimiento sostenible. En este contexto, fomentar un equilibrio saludable entre el trabajo y la vida personal se ha convertido en una estrategia que genera impactos positivos, tanto para los colaboradores como para las empresas.


¿Sabía usted que la frustración es una de las emociones más comunes en el ámbito del trabajo? ¿Y que las metas que parecen inalcanzables, así como el exceso de trabajo, la falta de reconocimiento o los conflictos con compañeros, pueden hacer que una persona experimente desmotivación e incluso cuestione su desempeño en la organización donde se desenvuelve? 

Pasar gran parte del día trabajando, cumplir metas, responder correos a toda velocidad y resolver problemas de último minuto debería, al menos, venir acompañado de una palabra simple como es “gracias”. Sin embargo, no siempre esto ocurre.


Sin duda, la entrada en vigencia de la jornada laboral de 42 horas semanales plantea un reto relevante para las organizaciones y sus colaboradores, como lo es lograr más y mejores resultados en menos tiempo.


El outsourcing, conocido también como externalización de servicios, es una estrategia organizacional mediante la cual una empresa decide delegar en terceros la ejecución de determinadas funciones o procesos que no forman parte central de su operación. En lugar de asumir internamente estas tareas, las organizaciones optan por contratar proveedores especializados que se encargan de desarrollarlas con mayor eficiencia, experiencia y conocimiento técnico. 


Durante décadas, el título universitario fue el principal pasaporte al mundo laboral. Representaba no solo conocimiento, sino también disciplina, estatus y una cierta garantía de calidad profesional. Sin embargo, ese paradigma está cambiando. Hoy, cada vez más empresas están adoptando un enfoque “skills over degrees”, priorizando lo que una persona sabe hacer por sobre el diploma que posee. Este giro no es casual, sino el reflejo de transformaciones profundas en la economía, la tecnología y la forma en que aprendemos.

En el contexto del Mes de la Mujer, se vuelve especialmente relevante reflexionar sobre los avances y desafíos pendientes en materia de participación laboral femenina. La empleabilidad- concebida como la capacidad de una persona para acceder a un empleo, mantenerse activa en el mercado, proyectar su carrera y adaptarse a las transformaciones del entorno productivo- constituye hoy un factor decisivo para el crecimiento económico y la equidad social. 


La búsqueda de empleo no admite la improvisación, pues es un proceso que requiere orden, constancia y una estrategia bien definida. En esencia, encontrar empleo es un trabajo en sí mismo. Es decir, demanda planificación, disciplina y metas claras. De lo contrario, es fácil caer en la frustración o extender el proceso más de lo necesario.