En el contexto del Mes de la Mujer, se vuelve especialmente relevante reflexionar sobre los avances y desafíos pendientes en materia de participación laboral femenina. La empleabilidad- concebida como la capacidad de una persona para acceder a un empleo, mantenerse activa en el mercado, proyectar su carrera y adaptarse a las transformaciones del entorno productivo- constituye hoy un factor decisivo para el crecimiento económico y la equidad social.
De acuerdo a datos del INE, la tasa de desempleo en Chile subió 0,3 puntos porcentuales, de 8% a 8,3% anual, en el trimestre noviembre 2025 - enero de 2026. Frente a esta realidad, fortalecer la empleabilidad de las mujeres no solo contribuye a disminuir las brechas de género, sino que también ayuda a potenciar la innovación, competitividad y sostenibilidad de las organizaciones.
No obstante, aún persisten obstáculos estructurales que limitan su acceso a determinados sectores, cargos de liderazgo y espacios de toma de decisión. Por ello, promover herramientas concretas para robustecer sus perfiles profesionales resulta fundamental.
En este sentido, uno de los principales pilares de la empleabilidad es la experiencia laboral, ya sea en trabajos formales, proyectos independientes o iniciativas de voluntariado. Cada experiencia práctica permite demostrar competencias en situaciones reales, aplicar conocimientos técnicos y desarrollar habilidades clave para la resolución de problemas. Además, contribuye a ampliar las redes de contacto y fortalecer el currículum, elementos estratégicos en cualquier proceso de postulación.
El dominio de un segundo idioma, particularmente el inglés, representa otro diferencial relevante. La capacidad de comunicarse de manera efectiva, tanto oral como escrita, amplía el acceso a oportunidades en empresas multinacionales, organizaciones con presencia internacional y entornos laborales globalizados. En un mercado cada vez más interconectado, esta competencia se traduce en mayores posibilidades de crecimiento profesional.
Las habilidades socioemocionales también desempeñan un rol determinante. Es decir, competencias como el trabajo en equipo, liderazgo, comunicación asertiva, escucha activa y empatía facilitan la integración en equipos diversos y favorecen un desempeño colaborativo. Estas destrezas, altamente valoradas por las organizaciones, fortalecen la adaptabilidad y la capacidad de gestión en contextos cambiantes y dinámicos.
La formación continua constituye otro elemento fundamental. La actualización permanente en nuevas tecnologías, herramientas digitales y metodologías de trabajo mejora la proyección profesional y abre nuevas oportunidades de movilidad laboral. Es así como certificaciones, diplomados y estudios de posgrado permiten validar conocimientos y responder a las demandas de un mercado en constante evolución.
Finalmente, la construcción de redes de contacto profesionales es un activo de largo plazo. El networking comienza desde etapas formativas y se fortalece con la participación en seminarios, encuentros sectoriales y actividades de la industria. En este sentido, mantener un perfil activo en plataformas como LinkedIn permite visibilizar la experiencia, generar vínculos estratégicos y acceder a nuevas oportunidades laborales.
Francisco González Pizarro,
Gerente general de Vertical Hunter – www.verticalhunter.cl