En los últimos años, especialmente al alero del crecimiento de startups y empresas tecnológicas a nivel global, ha comenzado a tomar fuerza en algunos países desarrollados una figura poco tradicional dentro de las organizaciones. Se trata del Chief Happiness Officer (CHO) o Director de Felicidad.
Este rol surge como una evolución de las áreas de Recursos Humanos, pero con un enfoque claramente diferenciado, ya que coloca en el centro la experiencia, el bienestar y la calidad de vida de los colaboradores.
A diferencia de los departamentos tradicionales de RR.HH.- históricamente enfocados en procesos administrativos como contratos, remuneraciones y cumplimiento normativo- el CHO concentra su trabajo en aspectos cualitativos del empleo.
En el fondo, la misión de esta posición es diseñar e implementar estrategias que promuevan ambientes laborales saludables, fortalecer la marca empleadora y generar condiciones que permitan a las personas desarrollarse profesional y personalmente dentro de la empresa.
En el día a día, el CHO actúa como un articulador entre la cultura organizacional y las necesidades reales de los equipos. Esto incluye la creación de programas de bienestar físico y mental, alianzas con gimnasios, beneficios corporativos, iniciativas de flexibilidad laboral, planes de reconocimiento, actividades de integración y políticas que fomenten el equilibrio entre la vida personal y el trabajo.
Diversos estudios internacionales han demostrado que organizaciones con altos niveles de satisfacción laboral presentan menor rotación de personal, mayor compromiso, mejor clima organizacional y un impacto positivo en la productividad y los resultados financieros. En ese sentido, el rol del CHO no es solo hacer felices a las personas, sino que generar un entorno que permita un desempeño sostenible en el tiempo.
En mercados más avanzados, como Estados Unidos y países de Europa, este cargo ha logrado consolidarse. Esto se explica por ecosistemas de innovación más maduros, una fuerte promoción del emprendimiento, mayor confianza en los equipos de trabajo y una visión empresarial que entiende el bienestar como una inversión estratégica y no como un costo.
En nuestro país, este cargo aún es incipiente y, en muchos casos, no se reconoce de manera formal. Y es que nuestro mercado laboral ha estado tradicionalmente centrado en el salario como principal variable de motivación, dejando en segundo plano otros aspectos como el propósito, la flexibilidad o la calidad del empleo.
A ello se suma una cierta desconfianza, tanto desde las empresas como desde los propios trabajadores, respecto a este tipo de iniciativas. Es decir, existe la percepción de que los programas de bienestar pueden ser solo una estrategia comunicacional para compensar sueldos bajos o replicar modelos extranjeros sin una adaptación real al contexto local.
Sin embargo, el escenario comienza lentamente a cambiar con la aparición de nuevas generaciones de profesionales que valoran cada vez más factores como la autonomía, el trabajo por objetivos, la flexibilidad horaria y el sentido de pertenencia. En este contexto, el rol del CHO se vuelve especialmente relevante como catalizador de una transformación cultural que aún está en desarrollo en nuestro país.
Francisco González Pizarro,
Gerente general de Vertical Hunter – www.verticalhunter.cl