Cuando el Imacec minero cae dos dígitos durante varios meses, Antofagasta, Tarapacá y O'Higgins, lo notan. Son menos turnos, menos compras a proveedores locales y menos recursos públicos regionales. El riesgo es mirar sólo la cifra país y dejar sin respuesta a los territorios que están pagando el costo del ajuste.
Las cifras del Banco Central son elocuentes. El Imacec minero cayó en siete de los nueve meses que van de 2026: -12,8% en abril, -12,7% en mayo, -17,4% en agosto y -12,1% en septiembre, con un promedio cercano a -7% anual. El Imacec no minero, en cambio, crece, pero poco no logrando compensar la caída del primero. Promedia apenas 0,6% entre enero y septiembre, lejos del 3,0% de 2025. En las regiones el golpe es visible. En el primer trimestre el PIB cayó en diez de las 16 regiones, con O'Higgins a la cabeza (-6,6%). En el segundo cayó en siete: Antofagasta retrocedió 6,3% y suma cuatro trimestres negativos, Tarapacá cayó 4,5% y O'Higgins 4,2%, las tres por el cobre. Seis regiones ya encadenan dos trimestres de contracción, es decir, están en lo que algunos llamarían recesión técnica. La excepción es Atacama, que creció 8,3% gracias al oro y la plata. Mientras tanto, la Región Metropolitana creció 1,6%, sostenida por servicios y comercio.
Según Cochilco, entre enero y septiembre se produjeron 3,63 millones de toneladas de cobre, 8,5% menos que en 2025. La principal razón de esta disminución es que los yacimientos están envejecidos y su ley es cada vez menor y que esta baja no se debe a la falta inversión: el sector invirtió unos US$ 191 mil millones entre 2006 y 2025, y aun así la producción de 2025 quedó por debajo de la de 2004. Eso sugiere que buena parte del gasto se ha ido a sostener la producción y no a ampliarla, mientras los proyectos que deberían reponerla llegan tarde.
Codelco, por ejemplo, prevé mantenerse en torno a 1,3 millones de toneladas en los próximos años por el retraso de sus proyectos. Por eso Cochilco proyecta para 2026 apenas 4,94 millones de toneladas, el nivel más bajo en más de dos décadas, y una recuperación de solo 3% en 2027.El resultado no minero también preocupa. Pasar de 3,0% a 0,6% indica que la economía sin minería no tiene hoy un motor capaz de sostener a las regiones cuando el cobre falla.
En este contexto, resulta prioritario: recuperar la producción minera con un plan de permisos y continuidad operacional que priorice los proyectos ya aprobados; en segundo lugar, usar con sentido contracíclico los fondos regionales que genera el royalty minero, adelantando obras públicas en las regiones que llevan dos o más trimestres en caída, y. una tercera medida, es crear un indicador mensual de actividad regional, para que los gobiernos regionales y municipios puedan reaccionar a tiempo y no con tres meses de atraso como lo hacen en la actualidad.
Chile, en realidad sus líderes, deben hoy más que nunca en trabajar en políticas de estado que permitan consensuar un modelo de desarrollo económico menos dependiente de la industria minera y orientar esfuerzos en áreas con mayores ventajas comparativas como la producción de energías limpias y renovables.