Una crisis nacional

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Luis Riveros ok

El país está sumido en un agitado mar de incertidumbres y rodeado de negativas señales y malos resultados. Como se ha dicho, existe una desafortunada mezcla de factores incidentes en resultados muy negativos. Allí están los efectos de la guerra desatado en el medio oriente, que no parece tener un fin inmediato, y que ha impactado en el precio de los combustibles de manera severa. Se suman ello a las condiciones climáticas que han impactado seriamente la producción agrícola y la minera, con efectos detrimentales en producción, precios y empleo. También aporta a la crisis de producción y precios, la existencia de un significativo déficit fiscal y aumentada deuda externa, que la actual administración ha heredado y que le impide disponer de recursos para atender las situaciones emergentes. Pero, suma y sigue: el país viene sufriendo un estancamiento en la producción minera, tan decisiva en nuestro producto agregado, como resultado de un cambio en la ley del mineral a extraerse así requiriendo mayores inversiones y una caída transitoria en la producción.  


Todo lo dicho se refleja en los resultados económicos y en la profunda insatisfacción de una población que no quiere recibir explicaciones, sino señales de una recuperación que no se avizora cercana. En efecto, inflación y desempleo son dos resultados inevitables que sufre en forma directa la población, especialmente los más necesitados. El sólo hecho de una desocupación que ronda el millón de personas, cifra vista solamente en anteriores episodios de crisis económica y financiera, pone de relieve el sufrimiento humano que la situación ha creado. Toda esta circunstancia envuelve un dramático traspié que sufre el gobierno, así reflejado en las encuestas, contando con pocos instrumentos efectivos para enfrentar la situación, especialmente en el marco de la estrechez de recursos públicos. Lo peor es que todo esto anticipa una seguidilla de crisis derivadas de las ya varias crisis que el país está sufriendo y la multiplicación de sus efectos. Por cierto, las opciones de ajuste son pocas, y usualmente ellas conllevan aún peores resultados en variable de incidencia para lograr una salida. Por ejemplo, la tasa de interés se mantendrá a niveles relativamente altos, precisamente para inducir un ajuste del gasto y llevar la demanda a niveles con mayor estabilidad de precios. Pero esto conduce a mayores problemas para un consumidor que necesita multiplicar sus ingresos y tener empleo en forma suficiente ante una realidad de ajusta que conlleva más sacrificio. Al mismo tiempo, la decepción que rodea a este mapa de resultados y el descontento que se genera, actúa como un factor que desalienta la inversión a pesar de los esfuerzos por estimularla como se ha hecho por la vía de reformas importantes en materia económica y financiera. En pocas palabras, la recuperación de la economía, en medio del circulo vicioso que se está viviendo, constituye una aspiración con poco fundamento.


Las acciones de algunos personeros de gobierno han agregado a todo este sombrío panorama, una nota sobre falta de gobernabilidad. En efecto, se ha puesto en juego la solvencia del gobierno para enfrentar crisis como la que se ha creado a raíz de los indultos a criminales y la descoordinación entre las propias autoridades de gobierno. Por supuesto que, en las actuales circunstancias, la autoridad presidencial debe demostrar que prevalece el debido orden al interior del gobierno, resultando indispensable que se establezcan prioridades para las distintas reparticiones y responsables y se muestre un sentido de unidad. Los funcionarios que no han asumido su responsabilidad en torno a cuidar el principal activo de una administración que es la estabilidad deben dar un paso al costado. Precisamente en momentos en que hay tantos factores negativos que marcan los resultados que la gente observa y sufre directamente, las acciones de algunas autoridades han contribuido a agravar la crisis que se cierne sobre Chile.


Recuperar la inversión para estimular el crecimiento y el empleo, demanda credibilidad de la autoridad en sus prioridades y un equipo de gobierno alineado con las mismas. Eso no se observa, y por sus efectos en la evaluación de la inversión, la recuperación tardará más de lo que se ha propuesto. Estamos frente a una crisis nacional, afectando todas las esferas del hacer económico y social, provocando una grave circunstancia política. Por ello la primera autoridad debe actuar con enérgica decisión y replantear el itinerario originalmente propuesto.


Prof. Luis A. Riveros

IEIPP Universidad del Alba

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