Lección aún por aprender

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Luis Riveros ok

Chile ha sido golpeado una vez más por la naturaleza. Especialmente nuestra zona norte ha sido castigada por temporales excepcionales en su historia, trayendo sufrimiento a una población que ahora clama por auxilio. Las imágenes que nos transmite la televisión son verdaderamente dramáticas: casas y caminos demolidas por la acción de las lluvias, intensas marejadas y libres cauces de agua; población que sufre los embates derivados de tormentas de viento y lluvia; pérdidas materiales por doquier, envolviendo ganadería y lo que tendremos luego que observar en resultados agrícolas. Las imágenes y descripciones que se han hecho de la situación en distintos puntos son realmente dramáticas, y ponen de relieve lo que tantas veces se ha señalado: hay déficit de atención en materia de prevención sobre el desarrollo e impacto de estas catástrofes. Es cierto: nada en el contexto de las desatadas fuerzas de la naturaleza es totalmente previsible, pero sí es posible una labor de prevención especialmente en lo que concierne a temas estructurales en materia de instalación de edificaciones y de calidad preventiva en cuanto a caminos y accesos. Posiblemente es caro el tener una prevención que nunca será efectiva al ciento por ciento, pero también son más caras las consecuencias de no tenerla (se mencionan casi US$ 800 millones como costo total de esta tragedia).


Son varios los reportes que ponen de relieve la poca supervigilancia en materia constructiva. Son muchos los casos en que las construcciones no consideran en absoluto el riesgo de eventuales situaciones climáticas: casas a orillas de ríos; construcciones en lechos de ríos o quebradas que se consideraban secos; edificaciones en sitios inapropiados como dunas y bordes costeros. Las municipalidades tienen instrumentos para controlar todo esto, puesto que teóricamente toda nueva construcción debe pasar por un riguroso sistema de autorizaciones que examinan con detalle los aspectos relativos a emplazamiento y detalles técnicos de toda obra. Pero cuando ocurren situaciones de catástrofe como la que hemos vivido en estos días, se evidencian muchos desarrollos de vivienda, comercio, y especialmente turísticos, que no habían cumplido con ninguna se las estipulaciones bien estampadas en papel. Pero sólo es en el papel. Si hasta algunas construcciones financiadas por organismos del estado, han dejado en evidencia las fallas más que esenciales que contenían: muros hechos con materiales inadecuados, metales de mala calidad, diseños que envolvían riesgos innecesarios. Aquí domina un mal entendido tema de ahorro de costos, puesto que ello no puede hacerse sin tener una visión preventiva de los costos inmensos asociados a las fallas de diseño, debida supervisión, emplazamiento y constructibilidad. Los eventos naturales desnudan estas fallas que conllevan el sufrimiento de muchas personas, familias y agrupaciones.


Precisamente en estos días se ha dado a conocer el Consolidado de Información Circularizada (CIC) N°22 de la Contraloría General de la República en el que se expone que muchos municipios gastaron más recursos públicos en celebraciones que en asistencia social. El organismo examinó los más de $43.000 millones ejecutados por 345 municipalidades durante 2024 y 2025 en eventos, fiestas y efemérides. Se encontró un gasto promedio de $38 millones en celebraciones no justificadas normativamente, destacando los casos de municipalidades como Copiapó, Coquimbo, Antofagasta que más que sextuplican el promedio nacional. La pregunta que surge es ¿cómo deciden las municipalidades sus prioridades de gasto y que lugar ocupan las situaciones de eventualidades posibles, especialmente los riesgos naturales? Esto requiere una reflexión a nivel nacional, no someter el caso a acusaciones cruzadas a las que nos tiene acostumbrados los políticos, sino a un diagnóstico sincero sobre las prioridades asignativas a nivel municipal y el rol de la debida prevención.  


Es una historia que se repite: escasa prevención efectiva, desgracias colectivas que se transforman en espectáculo, políticos siguiendo con su continuo debate sobre aspectos menos trascendentes acusándose de múltiples faltas. La tormenta pasará, como asimismo pasaron tantos terremotos e incendios de magnitud. Sin embargo, la lección de cómo minimizar los daños con debida prevención está aún por aprenderse. 


Prof. Luisd A. Riveros

Emérito Universidad de Chile

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