La IA no matará a los ingenieros que entienden el territorio

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Marcelo Caverlotti

Cada semana aparecen nuevos titulares anunciando que la Inteligencia Artificial reemplazará profesiones y transformará actividades que durante décadas consideramos exclusivamente humanas. La pregunta ya alcanzó a la ingeniería: ¿seguirá teniendo sentido formar profesionales para realizar tareas que una máquina puede ejecutar en segundos?


En las disciplinas vinculadas al territorio, la Geomática y el medioambiente, la respuesta es clara. La IA no hará menos necesarios a los profesionales, pero sí cambiará profundamente la manera en que trabajan. Puede analizar miles de imágenes satelitales, procesar información obtenida mediante drones, detectar cambios ambientales, generar cartografía o modelar zonas potencialmente inundables. Sin embargo, necesita información confiable del mundo real y profesionales capaces de obtenerla, validarla, interpretarla y decidir qué hacer con ella. Pensemos en un incendio forestal, una inundación o un terremoto. Hoy podemos desplegar drones, sensores e imágenes satelitales y procesar enormes cantidades de información en pocas horas. La IA puede identificar áreas afectadas, infraestructura dañada y zonas de riesgo. Pero alguien debe determinar si esos resultados son suficientemente precisos, si el modelo representa adecuadamente el fenómeno y qué decisiones pueden adoptarse a partir de ellos. Estamos entrando en una época en que obtener respuestas será extraordinariamente fácil; lo difícil será saber cuáles son correctas.Una coordenada puede parecer simplemente un par de números en una pantalla. Detrás de ella, sin embargo, existen sistemas de referencia, precisión, instrumental, metodologías e incertidumbres. Una IA puede entregar una posición; algo muy distinto es establecer si tiene la precisión necesaria para construir una carretera, controlar una explotación minera o monitorear infraestructura crítica. Lo mismo ocurre con el medioambiente: un algoritmo puede generar una predicción, pero convertirla en una decisión que afectará una cuenca, una ciudad, una comunidad o un ecosistema requiere conocimiento, contexto y responsabilidad.


Para Chile esta discusión es especialmente relevante. Somos un país sísmico, montañoso, costero y extenso, expuesto a terremotos, tsunamis, incendios, inundaciones, sequías y remociones en masa. Tenemos además ciudades en expansión, una actividad minera estratégica, recursos hídricos bajo presión y ecosistemas que debemos proteger frente a los efectos crecientes del cambio climático. ¿Realmente necesitaremos menos profesionales capaces de comprender nuestro territorio? Probablemente ocurrirá lo contrario. Necesitaremos monitorear infraestructura, utilizar drones frente a emergencias, analizar imágenes satelitales, modelar inundaciones, gestionar recursos hídricos, evaluar impactos ambientales y planificar territorios más resilientes. En este espacio aparecen nuevas carreras tales como Ingeniería Civil en Geomensura y Geomática, Ingeniería Civil en Territorio y Medioambiente e Ingeniería Civil en Ambiente. Son disciplinas diferentes, pero complementarias, que convergen en una capacidad que será cada vez más estratégica: transformar grandes cantidades de información territorial y ambiental en mejores decisiones. La Inteligencia Artificial no elimina esa necesidad; la potencia. Nuestras disciplinas ya han vivido importantes revoluciones tecnológicas: pasamos de instrumentos ópticos y registros manuales a estaciones totales, GNSS, imágenes satelitales, sistemas de información geográfica, escáneres láser, sensores y drones. Cada innovación automatizó tareas, pero las profesiones no desaparecieron: evolucionaron. Con la IA ocurrirá algo similar, aunque probablemente mucho más rápido. Esto también obliga a las universidades a cambiar. Debemos revisar programas, metodologías y competencias, incorporando programación, ciencia de datos, automatización, percepción remota, aprendizaje automático e Inteligencia Artificial, sin abandonar los fundamentos de la ingeniería. Porque mientras más sencillo sea generar un mapa, un modelo o una predicción, más importante será contar con profesionales capaces de determinar si los datos son confiables y si la decisión adoptada es técnicamente responsable.


La Inteligencia Artificial probablemente no reemplazará al ingeniero, pero un ingeniero que sepa utilizarla tendrá enormes ventajas frente a uno que no sepa hacerlo. No necesitamos menos conocimiento porque exista IA; necesitamos más conocimiento para utilizarla con criterio. Por eso, la verdadera pregunta no es si estas profesiones sobrevivirán a la Inteligencia Artificial, sino qué tipo de ingenieros debemos formar para un mundo en que la IA estará presente en prácticamente todas las decisiones sobre el territorio y el medioambiente. Chile no necesita ingenieros que compitan con la Inteligencia Artificial. Necesita profesionales capaces de dirigirla, cuestionarla y utilizarla responsablemente.


Dr. Ing. Marcelo Caverlotti Silva, 

Director del Departamento de Ingeniería Geoespacial y Ambiental (DIGEA), 

Universidad de Santiago de Chile

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