Sr. Director,
La decisión de Noruega de restringir el uso de Inteligencia Artificial Generativa en la educación primaria abre una discusión que Chile debiera observar con atención. No porque debamos replicar automáticamente sus medidas, sino porque obliga a preguntarnos cómo abordamos los desafíos que estas herramientas suponen al sistema educativo.
Uno de los riesgos de una incorporación temprana y sin mediación es la llamada deuda cognitiva. Esta aparece cuando se delegan tareas que todavía necesitan ser ejercitadas. La herramienta entrega respuestas rápidas o textos ordenados, pero puede postergar el esfuerzo de leer, escribir, razonar, equivocarse y revisar.
Vygotsky planteaba que el desarrollo se fortalece mediante la mediación social y el acompañamiento oportuno. Aprender no consiste en recibir respuestas terminadas, sino en avanzar con apoyo desde lo que un niño ya puede hacer hacia aquello que está en condiciones de construir. La inteligencia artificial puede ser un recurso valioso, pero no debiera sustituir la interacción con docentes, pares, libros y experiencias que sostienen ese proceso.
La primera infancia y los primeros años de escolaridad son decisivos para formar lenguaje, atención, pensamiento lógico y autonomía. Antes de automatizar respuestas, debemos asegurar que niños y niñas cuenten con herramientas para comprenderlas, cuestionarlas y utilizarlas críticamente.
Francisco Silva-Díaz,
Director del Magíster en Innovación y Tecnología Educativa,
Universidad Autónoma de Chile