Señor Director:
En unas semanas comenzará el año escolar y tenemos un desafío: que todos los niños estén en la sala de clases. La evidencia que hemos recogido en SemSo muestra una señal consistente y transversal: los hogares donde hay menores que no asisten al colegio —o lo hacen de manera irregular— registran, en promedio, mayores niveles de carencia en todas las dimensiones de bienestar que evaluamos.
No hablamos solo de educación. Hablamos de fragilidad económica, mayor estrés emocional, peores condiciones de vivienda y redes más débiles. La correlación no prueba causalidad, pero sí revela que la inasistencia escolar suele coexistir con múltiples vulnerabilidades acumuladas. Detrás de cada niño que no va al colegio, hay un entorno que necesita apoyo, no solo una matrícula que regularizar.
La asistencia regular no es solo un indicador educativo. Es también una señal de integración social y estabilidad familiar. Por eso, en el comienzo de este año escolar, asegurar que los niños estén en clases —y acompañar a las familias que no lo logran— debiera ser una prioridad compartida.
Atentamente,
Carlos Abogabir
María Paz Valdivia