Por la puerta trasera...

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Luis Riveros ok

La universidad, entendida desde una perspectiva humanista, es una institución centrada en la dignidad humana, que fomenta la reflexión crítica, la ética y una visión integral del saber por sobre toda especialización fragmentada. Busca la formación integral del estudiante, promoviendo el desarrollo social, cultural y el pensamiento crítico, pero, por sobre todo, educa en el humanismo y en el respeto por los demás, puesto que el conocimiento superior que cultiva la universidad es inherente al respeto. El humanismo en la educación superior es, por tanto, una defensa de la reflexión, la cultura y de la dignidad humana.


La vida académica entendida como comunidad de estudio, de aprendizaje e investigación, no puede ser concebida sino en un ambiente de plena libertad, de autonomía, de participación, en un proceso de creación, de descubrimiento, de búsqueda de la verdad. Por eso no puede existir verdadera universidad en los regímenes dictatoriales. La vida académica abre la posibilidad, más allá de la especialización, de que la persona vea cual es el sentido de su vida, y el significado de lo que está haciendo; si esto no le es posible, está consumiendo su propia vida. No tenemos un verdadero humanismo si no se tienen esos momentos de vida interior. Las Universidades hoy en día están experimentando la tentación de inclinarse por un mundo practicista en el cual surgirá inevitablemente un escaso interés por la reflexión de orden superior. Ello requiere un espíritu académico que no es entendido por quienes practican una simplista gestión y no valoran la esencia del ser universitario. Por esa razón debe la universidad cultivar una verdadera carrera académica, no sometida ni subyugada que respete el conocimiento esencia misma de la tarea universitaria.


La universidad no puede ser una isla en medio de la sociedad manteniéndose ajena a los problemas de ésta. Ni tampoco la sociedad puede permitirse una actitud de indiferencia o desinterés en lo tocante a la Universidad. Entre una y otra ha de haber una corriente de reciprocidad y solidaridad. La vida de la Universidad ha de desenvolverse con arreglo a las necesidades y aspiraciones colectivas, como, asimismo, a la sociedad no le es lícito apartar su mirada de lo que la Universidad es o aspira a ser. Por lo mismo, una sociedad que mire con cariño e interés a la universidad, habrá de reconocer a catedráticos y alumnos un rango preeminente. Es esto lo que acontece en las naciones que conservan con amor su vieja tradición de cultura, atentas siempre a “guardar e honrar” a quienes ejercen la docencia. Pero, infortunadamente, esto no ocurre sino raras veces en nuestra sociedad, donde no siempre al catedrático universitario, se le rodea de prestigio y respeto, conforme a sus merecimientos. Por el contrario, muchas veces el merecimiento académico es reemplazado por acomodos políticos, que llevan a que académicos de trayectoria salgan “por la puerta trasera”, sin importarle a nadie el menoscabo y el legado de intrascendencia que tal acto deja a la institución universitaria.


Gana la simplista gestión, pierde la esencial reflexión.


Prof. Luis A. Riveros

Emérito Universidad de Chile

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