Esta semana conocimos que Telefónica vendía su unidad en Chile a una asociación entre el fondo NJJ y Millicom por alrededor de 1,2 mil millones de dólares. En ese acuerdo: el holding NJJ (vehículo del empresario Xavier Niel) se queda con el 51%, mientras Millicom con el 49% con opción de compra futura.
Ya Millicom había venido consolidando activos de Telefónica en la región (Panamá, Costa Rica, Ecuador, Uruguay y Colombia), y esto es parte de su estrategia de expansión regional.
Cómo estamos por casa? Cómo encuentra este nuevo grupo al sector de telecomunicaciones chilenas?
Nuestro país suele mirarse con orgullo en los rankings internacionales de telecomunicaciones. No es para menos: somos uno de los países con el costo por Mbps más bajo del mundo, ubicándonos entre los primeros lugares globales. Sin embargo, detrás de esta aparente historia de éxito se esconde un ambiente de falsa calma, mientras los precios bajan, la industria que sostiene la infraestructura digital del país se debilita financieramente de forma persistente. Tanto el concesionario de servicio público como el operador de infraestructura de telecomunicaciones.
Los indicadores financieros son claros y difíciles de ignorar. Durante más de una década, el retorno sobre el capital empleado (ROCE) de la industria de telecomunicaciones en Chile ha estado sistemáticamente por debajo de su costo de capital (WACC). En términos simples, las empresas no están generando suficiente retorno para justificar nuevas inversiones. Altísima intensidad de capital (CAPEX) retornos decreciente, presión competitiva vía precios a debilitados los incentivos a invertir.
En términos simples, muchas inversiones no han alcanzado a cubrir el costo del dinero necesario para realizarlas. Cuando eso ocurre de forma prolongada, no estamos frente a creación de valor, sino frente a destrucción.
Cuando una industria destruye valor durante tanto tiempo, el problema deja de ser empresarial y se convierte en estructural.
A esta situación se suma un dato que los mercados financieros observan con atención. Durante años, la industria ha mostrado una brecha persistente entre el retorno sobre el capital empleado y el costo de financiarlo.
El mercado chileno ha mostrado durante años un retorno sobre capital empleado inferior a su costo promedio ponderado de capital, lo que implica rentabilidad ajustada por riesgo insuficiente para sostener grandes ciclos de inversión. Bajo ese escenario, cualquier comprador racional necesita modificar variables estructurales: costos, escala operativa, productividad de red o dinámica competitiva.
Desde esa perspectiva, la entrada del nuevo grupo puede derivar en dos trayectorias. Una prolongación de la competencia basada en precios intensificaría la compresión de márgenes y mantendría el desalineamiento financiero. Alternativamente, un enfoque orientado a cooperación en infraestructura, optimización de activos y disciplina comercial podría recomponer gradualmente los retornos
¿Qué significa la llegada de los nuevos dueños de Telefónica y cómo puede impactar el mercado?
La entrada del Grupo marca el inicio de un nuevo ciclo para la industria chilena. No se trata simplemente de un cambio de propietario, sino del arribo de un operador con experiencia regional, cultura de ejecución y foco en retornos sobre capital. Es un actor acostumbrado a tomar compañías que han perdido dinamismo competitivo y reordenarlas a través de inversión en red, simplificación operativa y convergencia comercial.
El impacto más probable y esperable no será una disrupción vía precios, sino vía estándares. Eso significa mayor presión en calidad de servicio, velocidad de despliegue, digitalización de procesos y empaquetamiento de ofertas. En mercados donde Millicom ha operado, su llegada ha tendido a elevar la vara competitiva más que a erosionar tarifas. No es el caso de NJJ. Para Chile, eso puede traducirse en una competencia más sofisticada y menos dependiente de descuentos agresivos.
El ambiente de competencia si se profundiza exclusivamente a través de precios, la presión sobre márgenes podría incrementarse para todos, extendiendo el deterioro financiero de manera transversal. Pero si el nuevo ciclo busca eficiencias, cooperación en infraestructura y disciplina de inversión, entonces podría abrirse una etapa de estabilización.
En ese marco, la llegada de NJJ y Millicom abre una disyuntiva inevitable. Si se opta por profundizar la guerra de precios, la presión sobre márgenes podría empujar al sistema a un límite aún más complejo, acelerando la destrucción de valor en todos los actores. Pero si la señal es ordenar, capturar eficiencias y estabilizar expectativas de retorno, entonces el país podría estar ante el inicio de una nueva etapa.
La compra instala una pregunta clave hacia adelante: ¿cómo se corrige una industria que ha destruido valor durante años? Ningún actor internacional aterriza capital significativo sin imaginar ajustes. Eso puede traducirse en racionalización de inversiones, mayor foco en clientes rentables, impulso a modelos mayoristas o, eventualmente, conversaciones de consolidación.
Si el nuevo ciclo busca recuperar ROCE y acercarlo al costo de capital, Chile podría avanzar hacia menos duplicación de infraestructura y más eficiencia sistémica. Si no ocurre, el riesgo es prolongar la fragilidad hasta que el reordenamiento llegue de forma forzada por el propio mercado.
Lo que debe quedar claro es que ningún inversionista internacional desembarca capital relevante para perpetuar un esquema que no remunera adecuadamente el riesgo. Si la brecha entre ROCE y WACC se mantiene, la consecuencia natural es menor inversión futura, priorización de zonas rentables y postergación de expansión territorial.
Por eso, más que preguntarse únicamente por el número de actores, el país debe debatir cómo reconstruir condiciones que permitan que el capital vuelva a ver valor en expandir infraestructura.
¿Es una noticia positiva para el país?
Desde la perspectiva país, es positivo que exista apetito de inversión internacional en un momento en que muchas matrices globales están reduciendo exposición en América Latina.
El esquema compartido con NJJ Holding y Milicom introduce además flexibilidad financiera. Permite distribuir riesgos, facilitar acceso a capital y eventualmente reconfigurar el control según evolución del negocio.
¿En qué deberían estar atentos los reguladores?
Las autoridades, particularmente la Subsecretaría de Telecomunicaciones y la Fiscalía Nacional Económica, deben ampliar el foco tradicional. La primera debe volver a su prestigio técnico y conocedor de las tendencias del sector No basta con observar participación de mercado; es imprescindible monitorear incentivos a invertir, resiliencia operativa y calidad efectiva.
Primero, asegurar continuidad y cumplimiento de compromisos de despliegue. Segundo, fortalecer mecanismos mayoristas que permitan competencia en servicios aunque la infraestructura tienda a concentrarse. Tercero, evitar decisiones que, buscando proteger precios de corto plazo, terminen debilitando la viabilidad financiera del sistema.
En un mundo de consolidación
La experiencia internacional muestra que las telecomunicaciones tienden a converger hacia menos operadores con mayor escala.
Si Chile mantiene la misma cantidad de actores bajo reglas que presionan retornos —caps de espectro rígidos, obligaciones crecientes, competencia centrada en precios— el resultado probable es prolongar la fragilidad financiera.
Los cambios favorables para la salud del mercado pasan por promover compartición de infraestructura, habilitar modelos mayoristas robustos, modernizar criterios de competencia hacia productividad, dar certidumbre regulatoria de largo plazo y no sobreregular
La llegada de los nuevos dueños es una oportunidad. inversión en fibra y hogar donde hay espacio para crecer, ampliar músculo B2B y monetizar mejor activos subexplotados
Pero como toda oportunidad, dependerá de que el marco regulatorio permita transformar inversión en valor y mejores servicios para las personas.
Rodrigo Ramírez
Ex Subsecretario de Telecomunicaciones y presidente de la Cámara de infraestructura Digital (IDICAM)