Hace pocos días, se conmemoró un nuevo aniversario de la fundación de Santiago. Sin entrar en centralismos urbanos, pensé si ese 12 de febrero de 1541 hubiera sido posible y viable sin un pensamiento logístico detrás de factores que hubieran asegurado la capacidad de sostener una población en crecimiento. Probablemente sin todo eso, el proyecto no habría sido viable.
Varios siglos después, ocurre exactamente lo mismo, aunque con tecnologías y desafíos distintos.
Hoy, la logística terrestre cumple un rol equivalente al que tuvieron los caminos de tierra, los animales de carga y las rutas que iban forjándose de acuerdo a las necesidades del momento, en tiempos pasados.
Muchos desconocen que en la actualidad el transporte terrestre moviliza más del 90% de nuestra carga, tal como lo advierte el Observatorio Logístico. Somos un país que por su geografía, la carretera es una red vital para el abastecimiento, para que la vida cotidiana fluya y para que las empresas, como el retail, puedan operar, crecer y sostenerse.
Es aquí donde resalta el valor de la mejora continua, de la logística impulsada por la tecnología, la cual potencia la optimización de rutas, el uso inteligente de datos y la agilidad en las cadenas de suministro. Gracias a la trazabilidad en tiempo real y a una planificación estratégica, se logran reducir tiempos y maximizar el potencial de la infraestructura existente, alcanzando niveles superiores de eficiencia.
Al final, si analizamos la historia, la logística no es solo un tema técnico, sino algo fundamental para que las ciudades funcionen, que las regiones crezcan y que cada país siga avanzando. O sea, un importante motor de desarrollo.
Nicolás Kunstmann
Cofundador de Drivin