Tras el impacto de la pandemia, Santiago Centro comienza a evidenciar señales concretas de recuperación, apalancadas por proyectos estructurantes de inversión privada y pública. Esta evolución se inserta en un contexto regional más amplio, donde ciudades como Lima, Bogotá y Buenos Aires enfrentan el desafío de reactivar sus centros históricos mediante distintos modelos de intervención urbana.
En el caso de Santiago, hoy existen indicios de reactivación vinculados principalmente a proyectos de largo plazo. Destaca el desarrollo de Nueva Alameda, iniciativa impulsada por el Gobierno de Santiago cuya planificación se inició en 2015 y cuyas obras comenzaron en 2024. Este proyecto busca revitalizar el principal corredor urbano del país a través de la mejora del espacio público, la construcción de una ciclovía metropolitana y la recuperación de fachadas, entre otras intervenciones, generando un impacto positivo en la percepción del sector.
A este esfuerzo, se suma una inversión privada relevante, liderada por proyectos emblemáticos como NIDO y el nuevo edificio de la Bolsa de Santiago, ambos desarrollos impulsados por el grupo Territoria. “Estas iniciativas responden a un modelo de uso mixto que integra hubs tecnológicos y científicos, comercio, cowork y gastronomía, replicando un enfoque ya probado en proyectos urbanos consolidados, y reflejan una apuesta clara por la reactivación del centro de la ciudad”, señaló Javiera Basso, Head of Advisory and Valuation de JLL Chile.
A nivel regional
En el caso de otras capitales de países de América Latina, los procesos de reactivación muestran ritmos y enfoques diferenciados. Lima destaca como el caso más avanzado, con una estrategia estructural de largo plazo que ha logrado atraer inversión internacional, consolidar el mercado de oficinas, el sector hotelero y retomar el desarrollo residencial. Esto gracias a un proceso de transformación impulsado por el Plan Maestro del Centro Histórico al 2035, gestionado por PROLIMA.
Bogotá, ha realizado dos proyectos de renovación de gran relevancia, enfocados en renovación urbana y reutilización patrimonial con un fuerte componente social y cultural. Tal como es el caso del “Plan de renovación urbana del Bronx”, iniciado en 2016, que busca transformar un sector históricamente degradado en un distrito creativo. A lo anterior, se le suma el proyecto “PEMP-CHB”, enfocado al reuso y rehabilitación de edificaciones antiguas para nuevos usos residenciales, manteniendo su valor patrimonial.
Buenos Aires, en cambio, presenta un escenario diferente. Donde, si bien existen iniciativas como el Plan de Transformación del Microcentro y Banco Ciudad, que han generado mejoras paulatinas, todavía hay una gran cantidad de edificios antiguos que no encuentran interesados, donde el microcentro no ha logrado avanzar a ser una zona residencial o estudiantil.
Desde JLL, se señala que esto evidencia, que la recuperación de los centros históricos es un proceso gradual, que requiere visión de largo plazo, coordinación entre diferentes agentes para definir el rol que estos sectores dentro de la ciudad. En este contexto, Santiago Centro avanza en una dirección similar a las tendencias más consolidadas de la región, y se espera que estas medidas se vean reflejadas en los indicadores del mercado de oficinas en un mediano plazo.