Mario Astorga



Mario Astorga

Es indudable que el Apruebo, con un 78% de partidarios en el Plebiscito de Entrada, tenía todas las chances de ganar el 4 de septiembre pasado. Soy de centro, si me apuran, de Centro Izquierda, pero estoy convencido que nuestro Chile necesita que todos los sectores participen activamente en la política contingente y en aportar en la construcción de nuestro devenir como nación. Por ello me preocupa que la izquierda esté haciendo tan mala lectura del resultado del plebiscito.

La democracia, como decía magistralmente Winston Churchill, es el peor de los sistemas de gobierno, a excepción de todos los demás que se han inventado. No obstante lo anterior, no todos los actos democráticos parecen ser igualmente legítimos.

Un querido amigo, gran empresario brasileño, que siempre ha estado muy al tanto de la vida política de Chile, y que admira las instituciones y el enorme progreso de nuestro país en los últimos años, me preguntó mi opinión sobre la Propuesta de Nueva Constitución, PNC, que había entregado la Convención Constituyente, CC. Quería saber si yo estaba por el apruebo o por el rechazo.

En el año 2016 Trump, inesperadamente, ganó la presidencia de Estados Unidos. A la mayoría de los norteamericanos y a la comunidad internacional le parecía imposible que un candidato misógino, abiertamente anti minorías sean sexuales o raciales, machista, defensor del uso de armas por privados, antiglobalización e incrédulo del cambio climático pudiera ser electo Presidente de USA en pleno siglo XXI.

"Tuve el privilegio de conocer a Guillermo Le Fort hace ya más de 50 años cuando ingresó a la Escuela de Economía de la Universidad de Chile y yo cursaba mi segundo año. Su inesperada muerte nos ha llenado de pena y agradecimiento", relata la columna de Mario Astorga De Valenzuela.

La semana pasada quedaron consagrados más de veinte derechos sociales en el borrador de la Nueva Constitución: Derecho a la Vivienda de calidad, Derecho a la Ciudad y su Territorio, Derecho al Cuidado, Derecho a la Libertad Sindical, Derecho a la Seguridad Social, Derecho a la Salud, Derecho a la Educación, Derecho al Deporte, derecho al Agua y el Saneamiento, Derecho a la Seguridad Individual, derecho a la identidad, derechos sexuales reproductivos, Derecho a la Participación en la Empresa, etc..Exigirle al Estado la provisión de todos esos derechos parece un despropósito para un país de ingresos medios como Chile.

Soy un convencido que la Convención Constitucional, a pesar de haber sido elegida democráticamente, fue representativa de ese momento específico de Chile y no de cómo están distribuidos los valores y los principios, ni en el Chile de hace 3 años ni en el Chile de hoy.

Algunos progresistas me criticarán que estoy desactualizado de las transformaciones que han ocurrido recientemente al interior del PC; a pesar de ese riesgo debo decir que me he formado la opinión de que el PC, o al menos la facción del PC que maneja la Convención Constituyente, (sin ninguna contraindicación visible desde la directiva nacional del PC), con Barraza a la cabeza, no está interesada en una nueva Constitución; sino en seguir generando condiciones para “agudizar las contradicciones”, que es una estrategia reaccionaria que el PC internacional aplicó durante décadas en el mundo y que abandonó en Europa en los 70 a través del Eurocomunismo.

Las últimas 5 elecciones presidenciales han dejado en evidencia tres realidades que hacen muy difícil la gobernabilidad del país en el largo plazo: a) Carencia en nuestra clase política de liderazgos que convoquen y permanezcan a lo largo del tiempo y que puedan proyectar su obra transfiriendo apoyos a sus eventuales continuadores.

Algunos reconocíamos los buenos resultados en crecimiento de los últimos años de la dictadura, pero nos parecía una moneda de cambio insuficiente, frente a la pérdida de democracia y libertad.