​José Manuel Medina, Académico investigador Escuela de Pedagogía en Educación Diferencial Universidad de Las Américas

Inclusión en el sistema escolar: ¿discurso noble o práctica efectiva?

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Jose Manuel Medina

Sr. Director:


La UNESCO define la inclusión educativa como un proceso que identifica y elimina toda barrera que tenga directa incidencia sobre el aprendizaje, entendiendo la diversidad no como un problema, sino como un recurso con una enorme riqueza pedagógica para el aula. Este enfoque global exige al sistema escolar ir más allá del mero hecho de incorporar estudiantes con discapacidad o barreras para la participación y aprendizaje, con el objetivo de centrarse en pensar en la heterogeneidad de nuestras salas de clases, lo que requiere la incorporación efectiva de la diversidad cultural, de género y migración.


En Chile, aproximadamente el 14,7 % de la población entre 2 y 17 años vive con alguna discapacidad; hay más de 140.000 estudiantes migrantes en el sistema escolar, muchos de ellos con trayectorias escolares interrumpidas, barreras idiomáticas o socioeconómicas; además, el 96% de estos alumnos comparten el aula con otros inmigrantes, formando espacios de diversidad cultural que necesitan una respuesta pedagógica acorde. Asimismo, no existen cifras claras sobre estudiantes con barreras para el aprendizaje y la participación sin diagnóstico formal o registros oficiales de identidad o expresión de género, en niñas, niños y adolescentes.


El sistema educativo chileno ha incorporado instrumentos públicos para apoyar a las instituciones educativas, sin embargo, en este escenario, la inclusión, tantas veces escrita, amenaza con quedarse solo en tinta y papel, corriendo el riesgo de no escribirse en la vida de muchos alumnos. Por lo mismo, resulta fundamental establecer una definición clara y compartida, un currículum más flexible, menos presión por los resultados estandarizados y más atención a las verdaderas necesidades de estudiantes y docentes, sobre todo considerando que muchos de estos cuentan con escasa formación en estrategias inclusivas que les permitan acortar la brecha entre lo ideal y la práctica. Sin cambios, el concepto de inclusión seguirá diluyéndose en discursos bien intencionados, legislación y acciones escolares fragmentadas.


Aún hay confusión entre inclusión e integración, y se espera que el estudiante se adapte al sistema, cuando en realidad es el sistema el que debe adaptarse para responder a la pluralidad. Pero esta transición no es fácil, necesita de decisiones valientes y sostenidas, junto con incluir la voz de las comunidades y desarrollar culturas escolares basadas en la cooperación, el respeto y la justicia social.


Si transforma la retórica en acciones, nuestro país tiene la oportunidad de liderar la inclusión educativa en América Latina. Solo así dejaremos de hablar de inclusión como ideal y haremos de ella una práctica transformadora con propósito, voluntad y una pedagogía que abrace lo humano en toda su diversidad.



José Manuel Medina, Académico investigador Escuela de Pedagogía en Educación Diferencial Universidad de Las Américas.


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