La Constitución de la revancha

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Renu00e9 Nu00fau00f1ezUna Constitución partisana sólo representa a un sector de Chile y eso uno vislumbra con la Convención Constitucional. Día tras día nos enteramos de la deconstrucción de la institucionalidad que tiene más de 200 años.

Nadie está defendiendo a nuestra Corte Suprema, el máximo tribunal de Chile. Su web dice que el Poder Judicial es uno de los tres pilares que sostienen el Estado Democrático de Derecho en nuestro país. Se está minimizando su función jurisdiccional mediante la expresión Sistema de Justicia, que tendrá luego contenido legal, que se encuentra en la Constitución de Venezuela y que la deja a merced de las mayorías circunstanciales, siendo de su esencia ser contra mayoritaria. También lo es el Tribunal Constitucional y el Senado, y, se aprecia, que pretenden borrar todo aquello que sea contrario a las mayorías, olvidando que esas mayorías pueden ser, algún día, de derecha.

Recuerdo cuando Al Gore y Bush se enfrentaron voto a voto en EEUU. ¿Quién definió la elección popular? La Corte Suprema. ¿Alguien cuestionó lo que ella declaró?: Nadie. Cuando la Corte Suprema habla, todos los demás poderes callan.

Las mayorías circunstanciales pueden cambiar una y otra vez las leyes, por ejemplo, aprobar expulsar a extranjeros, callar a la prensa, eliminar la inversión y, ¿quien restablecerá el imperio del Derecho si los jueces temen perder sus puestos?, si están obligados a respetar todos los nuevos conceptos que se están creando (pluralismo jurídico, plurinacionalidad, maritorio, autonomía regional, asambleas regionales, etc.) Miren tan solo lo que ha pasado con nuestros Carabineros, totalmente inhibidos de actuar.

Agustín Squella habló que hay algunos convencionales se comportan como jugadores de casino. Gastón Soublette implora que lleguen a acuerdos y desea evitar que Chile caiga en una espiral de enfrentamientos y divisiones. Surgió el movimiento los "Amarillos por Chile" que quiere reformas, no una revolución.

No somos un país indígena (son 10% o menos). Sí las mujeres son más del 50% del país. Sí las regiones son más que la Metropolitana, sí queremos una constitución moderna respetuosa del medio ambiente pero no queremos que se fraccione al país o se le atomice.

Lo que estamos viendo es muy peligroso y al parecer el silencio se está imponiendo por el temor de ser catalogado como lo peor. En esta etapa decisiva estamos viviendo esquizofrenia. Se impone una ideología de revanchas, un enfrentamiento con el conservadurismo, una élite contra otra élite, una venganza constitucional. Si Jaime Guzmán fue el ideólogo de la Constitución del 80, entonces los colectivos de izquierda lo serán ahora de la Constitución del 22.

No somos Bolivia, Ecuador, Nueva Zelandia ni Canadá. Ni los mejores ni los peores, hemos construido este país entre todos, debemos eliminar injusticias y arbitrariedades, y, merecemos una Constitución que nos represente a todos.

La falta de autocrítica no los deja mirar lo que están haciendo, se atrincheran y culpan a los demás. Ellos son ahora la élite, no hay reflexión, no hay equilibrio.

El centro político en Chile existe y es el que hizo ganar las elecciones a Boric, Piñera y Bachelet. Ese centro es el que inclina la balanza en cada elección popular. Ahí están los amarillos de siempre. El plan B crecerá muy fuertemente, nunca fue la idea pero ya son muchos los que están pensando en salvar la situación. Los amarillos levantaron la voz, mientras otros ya perdieron la esperanza. Lo que está claro es que, como todos dicen, la Convención se pasó de largo, unos tres pueblos y, en marzo 2022, veremos que quizás sean como unos 20 más...


René Luis Núñez Ávila

Profesor de Derecho Procesal

Universidad de Chile