ESTRATEGIA EN EL DEBATE UNIVERSITARIO

La trayectoria del talento que ingresa a la universidad

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Durante años, la discusión sobre equidad en la educación superior chilena estuvo concentrada en una pregunta concreta: quiénes lograban entrar. Era razonable, puesto que el origen social condicionaba las posibilidades de admisión; ampliar la puerta de ingreso era una pre condición para avanzar hacia un sistema más equitativo. Los datos sugieren que llegó el momento de hacer una pregunta más compleja: ¿qué ocurre con los estudiantes más carenciados después de ingresar al sistema?


Tres estudios recientes del Centro de Estudios del MINEDUC permiten dimensionar la situación. Entre los estudiantes provenientes de establecimientos del quintil más vulnerable, según la clasificación utilizada, los seleccionados pasaron de 594 en 2022 a 4.370 en 2026 y en el segundo quintil, de 6.094 a 25.379, un aumento que no responde solamente a que más jóvenes rindan la prueba, pues quienes se ubicaron sobre el percentil 75 también crecieron de 91 a 767 en el primer quintil y de 1.415 a 6.640 en el segundo. Esta verdadera explosión en la admisión llevaba consigo una mayor participación de estudiantes vulnerables.


Conviene no exagerar lo que estos números significan, porque los estudios son descriptivos, sus quintiles caracterizan el contexto socioeconómico del establecimiento y no los ingresos de cada estudiante, mientras parte del fuerte crecimiento reciente se produce después de los años de pandemia. Tampoco permiten atribuir estos resultados a una política determinada, pero sí muestran algo importante: cuando las oportunidades de participación se amplían, aparece el talento académico que antes tenía muchas menos posibilidades de hacerse visible.


La historia no termina con la selección, porque el último informe del SIES muestra que la retención de primer año alcanzó 77,9% para la cohorte 2025, el valor más alto desde que comenzó a medirse en 2007, aunque con diferencias según el establecimiento de origen, llegando a 85,7% entre quienes egresaron de colegios particulares pagados, 80,1% entre los provenientes de particulares subvencionados y 75,7% entre quienes estudiaron en colegios públicos. El mismo informe muestra una retención de 83,3% entre quienes cuentan con gratuidad, becas o créditos, frente a 66,9% entre quienes no poseen beneficios, una diferencia que no demuestra que el financiamiento explique por sí solo la permanencia, porque intervienen otras características de estudiantes e instituciones, pero confirma que mirar solamente la puerta de entrada entrega una imagen incompleta.


El problema aparece cuando intentamos unir ambas fotografías MINEDUC y SIES: los estudios de admisión identifican participación, desempeño y selección según vulnerabilidad social, mientras el SIES observa matrícula, retención y titulación e incorpora información sobre el colegio de origen. Sin embargo, los informes revisados no permiten seguir públicamente una misma cohorte con una clasificación comparable desde que rinde la prueba hasta que se titula, por lo que sabemos bastante sobre cada etapa, pero mucho menos sobre la trayectoria que las conecta.


El siguiente paso no requiere necesariamente producir más estadísticas, sino conectar mejor las que ya existen mediante un seguimiento periódico de cohortes que permita observar establecimiento de origen, participación en la admisión, selección, matrícula, retención, titulación oportuna y posteriormente inserción laboral. Esto, no para construir un ranking de colegios o instituciones sino para conocer cuánto de la oportunidad que conseguimos abrir al comienzo logra convertirse en una trayectoria educativa completa y en formación efectiva de capital humano.


Una matrícula más diversa tampoco puede evaluarse solamente por cuántos estudiantes consigue atraer, porque si las oportunidades de acceso se amplían, las instituciones deben preguntarse también por las condiciones académicas, financieras y organizacionales que permiten progresar y completar los estudios.


Chile parece haber avanzado en algo que durante mucho tiempo fue difícil: hacer visible el talento académico proveniente de contextos sociales donde las oportunidades eran menores. Un cambio significativo, pero no permite concluir en que significa en cuanto a movilidad social. Para saber si ese objetivo se cumple necesitamos seguir la trayectoria estudiantil. Porque encontrar el talento importa, pero conseguir que su origen deje de determinar hasta dónde puede llegar en su desempeño como estudiante importa mucho más.



Prof. Luis Riveros Cornejo, Profesor Emérito, Universidad de Chile.

Prof. Nassib Segovia Moreno, especialista en educación superior, académico UNIACC.

europapress