Valentina Peri Psicóloga, directora ejecutiva de Casa del Encuentro

​Primera Infancia: Lo que se ve desde La Pintana

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Señor Director:

La agenda Primera Infancia del Observatorio Niñez Colunga, publicada hace algunos días, puso números a algo que en La Casa del Encuentro, en La Pintana, vemos todos los días: el cuidado de niñas y niños pequeños sigue recayendo, casi en soledad, sobre las mujeres.


Hace doce años, cuando abrimos este espacio, la idea era simple: una guardería para que las madres pudieran salir a trabajar. Pronto entendimos que el problema no era solo dónde dejar a los hijos, sino que muchas mujeres ni siquiera podían asistir a un taller sin sentirse culpables o ser juzgadas por “abandonar” a sus hijas e hijos. Desde entonces, La Casa se transformó en un lugar donde el cuidado se comparte: madres, padres, abuelas y un equipo profesional sostienen juntos la crianza y encuentran apoyo, descanso y comunidad, mientras niños y niñas juegan, aprenden y se desarrollan.


Lo que vemos a diario, este informe lo confirma con datos: en el 75% de los hogares es la madre quien cuida y, tras la jornada escolar, un 64% de niñas y niños queda al cuidado exclusivo de mujeres. Uno de cada siete hogares no cuenta con ningún apoyo para la crianza. Y las cifras nacionales confirman lo que escuchamos en la Casa: las mujeres destinan en promedio 5,3 horas diarias al cuidado y al hogar, frente a 2 horas 53 minutos de los hombres.


Esa sobrecarga no es un problema privado de cada familia, sino una falla colectiva en la forma en que hemos organizado los cuidados. Hemos construido ciudades con escuelas, consultorios y centros comerciales, pero muy pocos espacios cotidianos donde cuidar deje de ser una tarea solitaria. Cuando el cuidado se sostiene en soledad, no solo aumenta el agotamiento de quienes cuidan: también se empobrecen las oportunidades de desarrollo de niñas y niños. La evidencia es contundente: los primeros años de vida son decisivos para el desarrollo cerebral, el aprendizaje, la salud mental y la capacidad de construir vínculos seguros. Crecer rodeados de adultos disponibles, redes de apoyo y espacios de encuentro no es un lujo; es una condición para el desarrollo de niñas y niños, y también para el desarrollo del país.


La misma agenda advierte que la primera infancia es la etapa donde invertir rinde más: cada peso en educación parvularia de calidad retorna 17. No es, entonces, un problema sin solución.


Desde una comuna de alta prioridad social como La Pintana, pedimos algo simple: que cuidar deje de ser tarea exclusiva de las mujeres y se convierta en una responsabilidad compartida entre el Estado, la comunidad, el mercado y las familias. Chile tiene hoy la generación más pequeña de su historia: nunca fue tan posible cuidarla bien, y nunca fue tan grave no hacerlo.


Valentina Peri

Psicóloga, directora ejecutiva de Casa del Encuentro

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