​El necesario aporte del agro a la seguridad hídrica

|

Gabriel Caldés, (3)

La agricultura es un sector económico debe dejar de ser solo el usuario de mayor demanda del agua -hoy ocupa sobre el 70% de los recursos hídricos a nivel nacional - y convertirse en el actor con mayor capacidad y responsabilidad para invertir en seguridad hídrica e impulsar una gestión más eficiente. 


Nuestro país busca consolidarse como una potencia alimentaria y ampliar su presencia en mercados como India, el sudeste asiático y África. Sin embargo, ese desafío exige mucho más que aumentar la producción. Requiere garantizar la seguridad hídrica del principal usuario del agua del país: la agricultura.


Este sector genera más de US$ 15.000 millones anuales en exportaciones y miles de empleos permanentes y temporales. Durante décadas, además, su desarrollo ha contado con un importante apoyo y subsidio del Estado mediante bonificaciones al riego, construcción de embalses y obras hidráulicas que permitieron mejorar su productividad.


Pero las condiciones cambiaron. La disminución de las precipitaciones, el retroceso de los glaciares y la sobreexplotación de ríos y acuíferos están reduciendo la disponibilidad de este bien indispensable. El último Censo Agropecuario muestra que la superficie regada disminuyó un 18,6%, reflejando el impacto de esta nueva realidad.


Al mismo tiempo, la competencia internacional se intensifica. Países como Perú han fortalecido su agricultura mediante grandes inversiones en infraestructura de riego y políticas públicas de largo plazo, mejorando su competitividad y ampliando su presencia en los mercados internacionales.


Frente a este escenario, la adaptación ya no puede depender únicamente del Estado. La seguridad hídrica debe transformarse en una responsabilidad compartida entre el sector público y los usuarios del agua. Para la agricultura, invertir en obras necesarias es una condición para mantener su competitividad y asegurar su crecimiento futuro.


Esta transformación requiere avanzar simultáneamente en tres grandes desafíos. Primero, se requiere masificar el riego tecnificado y de alta precisión para aumentar la eficiencia hídrica que permitan producir más con menos agua. Como s egundo punto, se debe incorporar tecnologías que mejoren la gestión agrícola, monitoreen el uso del recurso y faciliten el aprovechamiento de nuevas fuentes, como el reúso de aguas tratadas, la desalación donde sea técnica y económicamente viable, y otras soluciones de economía circular y otras soluciones innovadoras.      


La tercera propuesta es desarrollar una infraestructura integrada de captación, almacenamiento, conducción, recarga de acuíferos y reutilización d e los volúmenes, acompañada por organizaciones de usuarios de las cuencas que administren de forma eficiente y profesional el recurso.       


Los mercados internacionales también están cambiando. Cada vez valoran más la sostenibilidad, la resiliencia climática y el uso responsable del agua. La próxima ventaja competitiva de la agricultura chilena no dependerá únicamente de la calidad de sus productos, sino también de demostrar que puede producirlos utilizando menos agua y gestionándola de mejor manera.     


Gabriel Caldés          

Consejero

Consejo de Políticas de Infraestructura (CPI)     

europapress