El pasado 1 de marzo se conmemoró el Día Internacional de las y los Recicladores de Base, una fecha que invita a reconocer el papel esencial que estos trabajadores cumplen en la gestión de residuos, en su visibilización y en los desafíos que presenta la actual transición productiva hacia modelos más justos y sostenibles. En Chile, los recicladores de base han sido históricamente el primer eslabón de la cadena de valorización: su labor territorial permite recuperar materiales que de otro modo terminarían en rellenos sanitarios, reduciendo residuos y favoreciendo un uso más eficiente de los recursos.
Sin embargo, la economía circular no se agota en la recolección: si la entendemos como un proceso orientado a cerrar ciclos materiales y energéticos, el desafío continúa más allá de la recuperación, propendiendo transformar esos materiales en nuevos productos revalorizados, de buen desempeño técnico y accesibles.
La experiencia internacional demuestra que los sistemas circulares más avanzados son aquellos que logran articular de manera efectiva regulación, territorio e innovación; en ese sentido, aunque Chile ya cuenta con la Ley 20.920 (Ley REP) y con actores comprometidos, el paso decisivo es profundizar las relaciones entre recuperación y desarrollo tecnológico, consolidando un encadenamiento productivo horizontal, donde cada actor refuerce al siguiente y proyecte sus beneficios en el largo plazo.
El siguiente desafío es fortalecer y potenciar ese avance mediante el diálogo y la creatividad. En esa línea, el Centro de Innovación en Tecnología y Diseño de Materiales para el Entorno Construido (CIMAC) de la Universidad de Santiago de Chile aporta a esta etapa de transformación integrando tecnología, diseño e innovación a los materiales recuperados como soluciones para el entorno construido.
En este contexto, la articulación entre recuperación e innovación adquiere un carácter especialmente estratégico para el sector construcción: la Hoja de Ruta RCD: Economía Circular en Construcción 2025 establece que, al 2030, el 30% de los materiales deberá incorporar contenido reciclado, mientras que la Estrategia Climática de Largo Plazo proyecta que, al 2050, todos los productos constructivos incluyan información ambiental y reduzcan en un 30% sus impactos respecto de 2030. Estas metas evidencian que incorporar materias primas secundarias es una oportunidad concreta para disminuir la presión sobre recursos vírgenes, impulsar la innovación, fortalecer el desarrollo manufacturero nacional y generar empleo, materializando una narrativa de economía circular como una verdadera estrategia de desarrollo para el país.
Cerrar el ciclo de manera integral implica comprender que la recuperación y la innovación no son actividades aisladas, sino dimensiones complementarias de una misma estrategia de desarrollo. Si queremos una economía circular verdaderamente transformadora en Chile, es imprescindible articular ambas con decisión.
Por el Dr. Hugo Pérez, académico de la Universidad de Santiago de Chile y líder de la línea “Materias Primas Secundarias y Ley REP” del Centro de Innovación en Tecnología y Diseño de Materiales para el Entorno Construido.