Las recientes declaraciones del ministro de Hacienda, Nicolás Grau, según las cuales el Gobierno se habría visto “obligado” a crecer poco para controlar la inflación, no solo sorprenden por su liviandad técnica, sino por lo que revelan en el plano político: un intento por transformar un pobre desempeño económico en una supuesta virtud macroeconómica.
Es correcto -y nadie serio lo discute- que la inflación se combate principalmente mediante política monetaria contractiva. El Banco Central actuó con decisión subiendo la tasa de interés y logró reducir una inflación que rozó el 14% en 2022. Ese ajuste, como es natural, enfría parte de la demanda en el corto plazo.
Lo que es profundamente incorrecto es afirmar que ello condena estructuralmente al bajo crecimiento.
En macroeconomía básica, -de la que estudiamos incluso en clases de derecho económico- la estabilización de precios puede moderar el ciclo, pero no destruye por sí sola el potencial de expansión de una economía. Lo que sí lo destruye es la incertidumbre institucional, la inseguridad regulatoria, el debilitamiento de la inversión y las señales políticas contradictorias.
Y justamente eso fue lo que Chile vivió en los primeros años de esta administración.
Basta mirar la experiencia comparada reciente.
Mientras Chile promedió un crecimiento cercano al 1,9% anual entre 2022 y 2024, economías con presiones inflacionarias similares o superiores lograron desempeños bastante mejores: Estados Unidos promedió cerca de 2,5% – 2,7%; Canadá alrededor de 2,1% – 2,3%; España sobre 2,3%; Incluso economías latinoamericanas como Brasil bordearon el 2,5%.
Todas enfrentaron inflación, todas subieron tasas de interés, y sin embargo no normalizaron el estancamiento como política económica implícita.
La diferencia no estuvo en la inflación. Estuvo en las expectativas. El verdadero freno: incertidumbre política e inversión en retirada. Chile no creció poco porque combatía la inflación.
Chile creció poco porque se deterioró severamente el clima de inversión.
El primer proceso constitucional —abiertamente respaldado por el Ejecutivo—, el discurso inicial de ruptura con el modelo económico, las reformas mal diseñadas y la expansión de una permisología paralizante generaron una combinación letal para cualquier economía que depende de capital productivo.
Cuando los proyectos se congelan, cuando las reglas parecen provisorias, cuando la rentabilidad futura se vuelve incierta, el crecimiento se apaga. No por la tasa de interés, sino por falta de confianza.
Y es la inversión la que explica el crecimiento de mediano plazo.
Lo más preocupante de las declaraciones del Ministro no es el error técnico, sino el giro narrativo.
Este gobierno llegó prometiendo crecimiento con justicia social, modernización productiva y transformación estructural. Hoy, frente a cifras mediocres, se ensaya una explicación retrospectiva: no crecimos porque era responsable no crecer. Eso no es política económica. Eso es reescritura política de los resultados.
Convertir un desempeño débil en consecuencia inevitable de la prudencia macroeconómica es una forma elegante de eludir responsabilidades.
Más aún cuando muchos de los actuales gobernantes fueron protagonistas directos del sobrecalentamiento económico de 2021:
- Impulsaron retiros masivos de fondos previsionales
- defendieron expansiones fiscales sin contrapeso técnico
- Relativizaron las advertencias de inflación
Ese exceso de liquidez alimentó precisamente el problema que luego heredaron como gobierno. Primero promovieron el incendio. Luego combatieron las llamas. Y ahora presentan el frío como una virtud inevitable.
La tesis del ministro no solo es equivocada. Es peligrosa. Porque instala una idea profundamente nociva: que Chile debe acostumbrarse a crecer poco, que el estancamiento es el precio natural de la responsabilidad macroeconómica.
Chile puede controlar la inflación y crecer con fuerza. Lo hizo durante décadas. Lo que hoy falta no es espacio técnico, sino conducción económica pro-inversión, estabilidad institucional y seriedad regulatoria.
Normalizar el estancamiento como excusa técnica es simplemente mediocridad económica.
Chile no estuvo obligado a crecer poco. Chile fue mal gestionado en su clima de inversión, en sus señales políticas y en su conducción económica.
Y cuando los datos ya no acompañan, aparece el relato.
Francisco José Pinochet Cantwell
Doctor en Derecho
Universidad Nacional de Rosario, Argentina
LL.M California Western School of Law, USA