​Déficit fiscal y riesgo macro

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El cierre fiscal de 2025 dejó una señal incómoda para la macroeconomía chilena: el déficit efectivo fue claramente mayor a lo previsto. Lo relevante es que este deterioro no se explicó por un descontrol del gasto público, como suele asumirse en la discusión política, sino por correcciones significativas a la baja en los ingresos fiscales proyectados. Esta distinción no es menor, porque modifica de manera sustantiva la interpretación económica del fenómeno y sus potenciales riesgos.


En el debate público persiste una asociación casi mecánica entre mayor déficit fiscal y mayor inflación. Sin embargo, la evidencia reciente no respalda esa relación automática. La inflación ha continuado convergiendo hacia la meta del 3% anual, en un contexto marcado por la apreciación del peso, la moderación de shocks externos y expectativas inflacionarias relativamente bien ancladas. La trayectoria de la política monetaria, con una TPM en descenso, refleja precisamente ese diagnóstico: la autoridad monetaria no observa presiones inflacionarias persistentes derivadas del frente fiscal.


Tampoco se aprecia, por ahora, un escenario clásico de crowding-out. Las tasas reales de largo plazo no muestran presiones alcistas significativas atribuibles al mayor déficit, y la inversión privada sigue respondiendo principalmente a factores reales: perspectivas de crecimiento, incertidumbre regulatoria, tiempos de tramitación de permisos y condiciones de demanda. En otras palabras, las restricciones que hoy enfrenta la inversión parecen estar más vinculadas al entorno macroeconómico y a la productividad que al costo del financiamiento.


El foco de riesgo, por tanto, se desplaza desde la inflación hacia la esfera fiscal e institucional. La reiterada sobreestimación de ingresos públicos debilita la credibilidad del marco de balance estructural, uno de los pilares de la política macroeconómica chilena en las últimas décadas. Cuando los supuestos de ingresos se corrigen de manera sistemática, la trayectoria fiscal pierde previsibilidad y se incrementa la probabilidad de ajustes posteriores más exigentes.


Para el próximo gobierno, este escenario implica partir desde una posición menos holgada de lo anticipado, con márgenes más estrechos para impulsar reducciones tributarias o expansiones del gasto sin una senda clara de convergencia fiscal. En macroeconomía, los desequilibrios rara vez emergen de un único salto discreto; suelen incubarse en la dinámica y persistencia de las variables. Más que el nivel puntual del déficit, lo que importa es su trayectoria, su financiamiento y la confianza que genera la política fiscal.


Francisco Castañeda

Economista – PhD. Profesor Titular

Universidad Central de Chile

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