Cada 11 de febrero, en el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, el debate se centra en fomentar la educación STEM y contar con más referentes femeninos para inspirar a las nuevas generaciones a estudiar carreras relacionadas con ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas. Todo eso es muy necesario, pero para quienes hoy estamos insertos en el mundo corporativo, la conversación debiera ir un paso más allá y entender que la brecha de género en STEM no es solo un desafío social o educativo, es un riesgo estratégico para las empresas y su competitividad futura.
Repasemos algunas cifras. Hoy, las mujeres representan apenas el 22% de los empleos STEM en los países del G20 y solo una de cada diez posiciones de liderazgo en ciencia y tecnología, según datos de UNESCO/UIS y el reporte G20 sobre participación femenina en STEM. Esta desigualdad no nace en el mundo corporativo, pero es ahí donde se consolida y se proyecta. Cuando el acceso a la formación científica y tecnológica es desigual, la consecuencia es que también lo sea el talento que llega a las organizaciones. Y eso impacta directamente en quién diseña los productos, quién define las prioridades, qué problemas se consideran relevantes y, finalmente, qué tipo de soluciones se ponen en el mercado.
Actualmente la tecnología atraviesa todas las industrias, por lo que esta brecha se convirtió en una variable crítica del negocio. Contar con menos mujeres en áreas científicas y tecnológicas es un problema, porque los equipos homogéneos tienden a pensar de manera similar, validar supuestos compartidos y dejar fuera perspectivas que no conocen o no consideran. El resultado puede ser eficiencia en el corto plazo, pero fragilidad estratégica en el futuro. En términos de directorio, esto se traduce en riesgo de talento, riesgo de producto, riesgo operacional y crecientemente, riesgo regulatorio.
La inteligencia artificial es un ejemplo muy claro de cómo estas dinámicas ya están impactando a las empresas. Sistemas que reconocen peor la voz de las mujeres, algoritmos que reproducen sesgos de género o soluciones tecnológicas que no contemplan la diversidad de sus usuarios no son simples errores técnicos, sino que el reflejo de equipos poco diversos que entrenan modelos con datos incompletos y toman decisiones desde una mirada limitada. A medida que estas tecnologías escalan, también lo hacen sus sesgos, afectando la calidad de los productos, la experiencia de los clientes y, en muchos casos, la reputación de las compañías.
Desde una perspectiva de negocio, la falta de diversidad en STEM reduce la capacidad de innovar y de competir en mercados cada vez más exigentes. Las empresas que no logran atraer ni desarrollar talento femenino en áreas científicas y tecnológicas se están alejando de una parte significativa de sus usuarios y consumidores, y además están renunciando a una fuente clave de creatividad, pensamiento crítico y comprensión del entorno.
Por eso estoy segura de que cerrar la brecha de género en STEM es una inversión directa en la competitividad futura de las organizaciones que requiere involucrarse activamente en ampliar el acceso de mujeres y niñas a la ciencia y la tecnología, pero también revisar las prácticas internas: cómo reclutamos, cómo promovemos, cómo evaluamos el talento y qué tipo de liderazgos estamos validando. Porque no basta con que más mujeres estudien carreras STEM si luego no logran incidir en los espacios donde se toman las decisiones estratégicas.
Desde el sector corporativo tenemos un rol clave. El futuro tecnológico no se va a definir sólo en universidades o laboratorios, sino que en los directorios, en las estrategias de inversión y en las culturas organizacionales que construimos ahora. Es relevante que más mujeres estudien carreras STEM, pero también que puedan acceder a definir el rumbo de la innovación dentro de las compañías. Esa es una responsabilidad que no podemos seguir postergando. La ventana de ventaja competitiva no es eterna, las organizaciones que formen, atraigan y retengan talento diverso en STEM hoy capturarán mejor la próxima ola de productividad e innovación.
Carolina Pérez Echeverría
Directora de empresas y CEO Foresight Consulting