Carolina Pérez Echeverría



Carolina Pérez Echeverría

Durante mucho tiempo asociamos el liderazgo a la capacidad de decidir. Saber más, hacer más, resolver más rápido. Sin embargo, esa idea empieza a crujir cuando miramos los datos: hoy, en Chile, menos de 2 de cada 10 puestos en directorios están ocupados por mujeres, y todavía cerca de 4 de cada 10 empresas no tienen ninguna mujer en esas instancias de decisión. En los espacios donde hoy se juega el poder real como directorios, comités estratégicos o mesas de decisión ese enfoque tradicional ya no alcanza.

Durante años, hablar de la presencia de mujeres en los directorios se centró en una cifra: cuántas somos. Hoy esa conversación debe evolucionar. No se trata solo de ocupar un asiento en la mesa, sino de qué perspectiva aportamos cuando estamos ahí, qué decisiones ayudamos a tomar y cómo contribuimos a construir organizaciones más humanas, sostenibles y competitivas.


Se habla mucho de inteligencia artificial, pero lo que rara vez se reconoce es que la mayor barrera no es tecnológica, sino emocional y cultural. El temor, en sus distintas formas, explica más fracasos en la adopción de IA que cualquier limitación técnica.

En muchas compañías, la “transformación digital” termina siendo una paradoja: se invierte en la mejor tecnología disponible, pero la estrategia sigue siendo la misma de siempre. El resultado no es transformación, sino frustración. Se llenan salas de directorio con presentaciones de plataformas de vanguardia, se despliegan dashboards de última generación, se instalan sistemas sofisticados… y sin embargo los equipos siguen operando bajo la mentalidad y lógica de antes, con los mismos incentivos, procesos y prioridades.