Los riesgos naturales son fenómenos que ponen a prueba a muchas empresas en la forma en que se protegen. Si bien el daño más notable es el físico, también está la paralización de la operación, un daño silencioso pero letal. Varias organizaciones en Chile están preparadas para apagar un incendio, pero no para sobrevivir tres meses sin facturar porque su planta o su acceso quedaron inoperativos.
A esto se le suman los efectos a la cadena de suministro: proveedores que no pueden llegar o clientes a los que no es posible despachar. El verdadero riesgo hoy es la interrupción del negocio en un entorno climático cada vez más volátil.
Para mitigar estos riesgos, es necesario implementar diferentes acciones, como contratar un seguro corporativo, el cual, si está bien estructurado, puede funcionar como salvavidas de liquidez. Esto solo no se trata de recibir el pago por los objetos destruidos, sino que se trata de activar coberturas de perjuicio por paralización, conocidas también como business interruption.
Esto garantiza que la empresa siga recibiendo ingresos para pagar sueldos, costos fijos y compromisos financieros mientras se reconstruye. Esto demuestra que el seguro puede ser una herramienta de contabilidad financiera que permite a la empresa resistir el golpe y volver a levantarse rápido, sin comprometer su caja.
Desde la perspectiva del seguro, un plan robusto debe incluir protocolos claros de aviso de siniestro y resguardo de bienes afectados para evitar daños mayores. Además, es recomendable digitalizar la información clave como inventarios o activos fijos en la nube; ante un desastre físico, tener la información a salvo es lo que agiliza el cobro del seguro.
Para evaluar el nivel de exposición al riesgo y definir medidas personalizadas según su rubro o ubicación geográfica, una empresa debe contar con asesoría de expertos. Por eso, nuestra metodología se basa en no dar nada por sentado, visitando, preguntando y analizando la operación en terreno.
Finalmente, la lección más dura es el problema del infraseguro. Debido a la inflación y el aumento de costos de construcción en los últimos años, muchas empresas tenían sus activos valorados a precios antiguos, por lo que, al ocurrir el siniestro, la indemnización puede que no alcance para reponer lo perdido.
Esto nos ha enseñado que la asesoría continua es clave: los montos asegurados deben revisarse anualmente; un seguro que no se actualiza periódicamente pierde efectividad; debe ser dinámico y actualizarse al ritmo de la economía y del crecimiento de la empresa.
Por Felipe Giménez-Lascano, Placement leader de Viento Sur , Corredores de Seguros.