La evidencia es fundamental, aunque no el único requisito, para la toma de decisiones en las políticas públicas, y especialmente en la política social. En este marco, resulta necesario destacar que la adecuación metodológica y la aplicación de criterios más dinámicos y coherentes con la realidad actual de la Encuesta Casen constituyen un logro relevante de la política social en Chile y de su gestión pública. Estos ajustes permiten una medición más pertinente de la pobreza y entregan un marco analítico más coherente con los cambios sociales y económicos que ha experimentado el país.
En este contexto, los resultados se convierten en un insumo central y estratégico para el diseño de las políticas de Estado, particularmente -como se indicó- las de carácter social . No se trata únicamente de una cifra estadística, sino de un parámetro que ordena prioridades, define enfoques y orienta decisiones públicas.
De acuerdo con los resultados de la encuesta, es plausible estimar que entre 3,5 y 4 millones de personas viven bajo el umbral de la pobreza, principalmente como consecuencia de bajos ingresos y de las limitadas transferencias o servicios que el Estado ha logrado proveer para disminuir situaciones de precariedad. Otro dato relevante es el que sitúa la pobreza infantil en un 17,3%, cifra que debe entenderse como un umbral que plantea un desafío concreto para la acción del Estado.
Este escenario reafirma que la superación de la pobreza es un esfuerzo necesariamente multidimensional, que debe considerar la provisión de servicios, la reducción del costo de la vida -o al menos niveles de certezas de satisfacción de las necesidades básicas- y el aumento de los ingresos de los hogares, delimitando al mismo tiempo las formas y métodos mediante los cuales se desarrollarán las políticas sociales, ya sea a través de subsidios a la oferta, subsidios a la demanda o transferencias monetarias directas.
Cada uno de estos enfoques presenta efectos positivos y negativos. No obstante, la relevancia de estos resultados radica en que establecen una línea base clara para el próximo ciclo político. Las cifras adquieren así una connotación política significativa: por una parte, marcan un cierre de gestión para el gobierno saliente, evidenciando avances en la reducción de la pobreza bajo estándares metodológicos más exigentes; y, por otra, fijan el punto de partida y el desafío inicial para el nuevo gobierno. Por ello, las cifras deben entenderse, utilizarse y analizarse en una perspectiva de desafíos éticos como país y sociedad.
En definitiva, los recientes resultados de la encuesta CASEN vuelven a situar la pobreza como un problema público central y confirma que las políticas públicas activas serán decisivas para avanzar con éxito hacia su superación.
Rafael Pizarro, director de la carrera de Administración Pública, UTEM.