A partir de este año el “burnout” o “síndrome de desgaste ocupacional” fue incluido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en la nueva Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11), lo que implica que a nivel mundial debería ser considerada como un padecimiento laboral.
Lissette Provoste, psicóloga y gerenta de Cultura y Desarrollo Organizacional de la plataforma de empleos Trabajando.com, explica que el “síndrome del quemado es el resultado del estrés crónico en el lugar de trabajo y que no ha sido tratado con éxito. Un punto relevante es la que la OMS señala específicamente que el “burnout” se refiere a los fenómenos que se producen en el contexto laboral, por lo que no debe aplicarse para describir experiencias en otras áreas de la vida”.
Provoste señala que, según lo estipulado por la OMS, el burnout tiene tres dimensiones:
1- Sentimientos de falta de energía o agotamiento, “donde los colaboradores sienten constantemente cansancio, tanto al iniciar la jornada laboral como al terminarla”.
2- Aumento de la distancia mental con respecto al trabajo, “las personas son incapaces de conectar con el compromiso de sus propias actividades laborales y con las de sus compañeros”.
3- Sensación de ineficacia y falta de realización, “los trabajadores manifiestan que no están satisfechos con sus labores ni con sus resultados ni sus avances”.
Asimismo, señala que los síntomas también pueden ser físicos, por ejemplo, “las personas pueden experimentar jaqueca, gastritis, presión arterial alta, bruxismo, insomnio y ansiedad”.
¿Qué papel juegan las empresas?
La gerenta de Trabajando.com expresa que “existe un papel fundamental de los empleadores: identificar la sobrecarga de trabajo, para eso es muy importante que haya una comunicación honesta y fluida entre colaboradores y empresas”.
Por otra parte, la experta asegura que es central el rol de los lideres: “Quienes ejercen un rol de liderazgo, deben identificar estas señales y entregar el apoyo necesario, pues se trata de una enfermedad mental. Es fundamental que los trabajadores puedan comunicarse abiertamente con sus jefaturas y para eso los líderes deben generar espacios seguros para que puedan expresar cómo se sienten con la carga laboral y no sentir que, por declarar agotamiento, por ejemplo, serán mal evaluados y sancionados”.
Finalmente, Provoste manifiesta que no hay que subestimar las señales del “burnout”. “Si sentimos alguno de estos síntomas, debemos recurrir al médico. En algunas ocasiones existe la cultura errónea de ‘soportar’ los sentimientos o malestares que nos aquejan en el trabajo, por miedo a perderlo o por sentir que es una señal de debilidad, lo que solamente agrava la enfermedad. Hoy en día, cuando todos hemos vivido diversos acontecimientos tras la pandemia, debemos sacar como lección que la salud mental y física es primordial”. Concluyó la profesional.