​Cómo transformar al SENCE en la era de la IA

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Alfredo barriga 2



Chile enfrenta una decisión clave: terminar con la franquicia SENCE por su bajo impacto en productividad, o transformarla para enfrentar el mayor desafío laboral de las próximas décadas. La evidencia es clara en ambos frentes. Por un lado, décadas de evaluaciones muestran que la capacitación tradicional —desconectada del trabajo real— rara vez se traduce en mejoras productivas sostenidas. Por otro, la irrupción de la inteligencia artificial generativa está cambiando esa ecuación: cuando los trabajadores la utilizan en sus tareas diarias, la productividad aumenta de forma significativa, especialmente en aquellos con menor experiencia.


No estamos frente a una moda tecnológica, sino ante una tecnología de propósito general, comparable a la electricidad o internet. Países que logren una adopción amplia y efectiva verán mejoras sustantivas en su productividad; los que no, quedarán rezagados. Para Chile, esto no es opcional: es una condición para sostener el crecimiento, mejorar salarios y cerrar brechas. Estudios recientes muestran aumentos de productividad del orden de 14% en promedio, y hasta 35% en trabajadores menos experimentados cuando utilizan IA en su trabajo. Ese es el desafío que tenemos por delante. En un contexto de bajo crecimiento de la productividad en Chile durante la última década, esta no es solo una reforma de capacitación: es una política de crecimiento.


La pregunta, entonces, no es si debemos capacitar en IA, sino cómo hacerlo bien y a escala. Y aquí surge una oportunidad estratégica: en lugar de eliminar la franquicia SENCE, debemos rediseñarla para este nuevo contexto.


El problema histórico de SENCE no ha sido su cobertura, sino su enfoque. Ha financiado cursos, pero no necesariamente aprendizaje útil. La IA generativa exige lo contrario: aprendizaje práctico, integrado al puesto de trabajo y orientado a resolver problemas concretos. Por ello, la propuesta no es más capacitación tradicional, sino un giro hacia la adopción productiva.


Esto implica tres cambios clave. Primero, que el beneficio tributario no financie solo cursos, sino también acceso efectivo a herramientas de IA en las empresas. Sin uso real, no hay aprendizaje. Segundo, que la capacitación sea breve, aplicada y directamente vinculada a tareas laborales específicas, con foco en resultados más que en horas. Y tercero, que el uso de IA se incorpore en los procesos de trabajo, con incentivos para que las empresas midan mejoras en productividad, calidad o tiempos.


En otras palabras, pasar de “capacitar para aprender” a “aprender produciendo”. Este cambio permitiría utilizar la infraestructura existente —empresas, organismos técnicos, incentivos tributarios— pero alineándola con evidencia moderna sobre cómo se generan habilidades y productividad.


El problema con este enfoque es la verificación por parte del Estado de que se cumplió el objetivo de la franquicia, es decir, que el “alumno” esta usando IA tras tomar el curso práctico. El Estado no tiene que fiscalizar cursos, tiene que verificar uso y resultados con evidencia digital simple y auditable. Y se trata de hacerlo sin burocracia. Proponemos un modelo de cumplimiento por evidencia digital y auditoría por riesgo, que se compondría de:


Un reporte estandarizado trimestral con un dashboard simple cargado por la empresa (planilla única SENCE 2.0) que adjunta métricas de uso (automáticas), KPIs pre/post, y lista de casos de uso implementados.


Integración tecnológica mediante conectores con proveedores de IA para validar usuarios activos y frecuencia de uso, todo en datos agregados y anonimizados (sin contenido sensible).


Una Auditoría selectiva, por la que SENCE fiscaliza por muestreo y riesgo a empresas con resultados atípicos y alto monto de franquicia. Mediante algoritmos basados en IA puede detectar casos “sospechosos”.


El pago no sería por las horas cumplidas de capacitación, sino por adopción y resultados mínimos verificables.

Eliminar SENCE puede ser políticamente comprensible, pero estratégicamente miope. Transformarlo en un motor de adopción masiva de inteligencia artificial, en cambio, puede ser una de las políticas públicas más relevantes de esta década. Chile no necesita partir de cero. Necesita usar mejor lo que ya tiene.


Alfredo Barriga

Profesor UDP

Autor de “Presente Acelerado: la Sociedad de la Inteligencia Artificial y el Urgente Rediseño de lo Humano”, en Amazon.com 

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