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Javier FuenzalidaMúltiples elecciones dentro del año parecen haber dejado “pal pago de los bomberos” uno de los documentos más importantes que se han producido para examinar el alma de los chilenos. La Universidad Católica y la Universidad de Chile publicaron el informe sobre esa importante investigación social, “Tenemos que Hablar de Chile”. Es el resultado de diálogos sostenidos por grupos de ciudadanos convocados, 8.815 participantes de 19 a 93 años de edad. 56 % con educación superior. Totalizaron 3.550 horas de conversaciones.


Los monitores tenían como tarea, mantener el diálogo, encauzarlo, de manera que no se desviara del tema central en conversación, sin intervenir o hacer preguntas. O sea, conducir o dirigir cada grupo.


Posteriormente los analistas examinaron estas conversaciones para ir agrupándolas y jerarquizando las opiniones, pareceres, ideas, sugerencias, captar el estado anímico reinantes en el país.


Fue una jornada importante porque la forma de auscultar el alma nacional no fue la habitual que se utilizan en las encuestas, en que hay un cuestionario con si o no o con notas calificativas que además requiere una forma neutra al diseñarlas y formularlas, en especial cuando se utilizan encuestadores.


El diálogo genera más riqueza y calidad de información.


Desgraciadamente, no ha tenido un gran impacto político ni en la opinión pública. No ha sido tema de comentarios entre la elite, políticos, periodistas, columnistas. Puede haber influido el clima generado por las múltiples elecciones de este años o simplemente la indiferencia que caracteriza la elite intelectual y dirigencia del país. Lo que es lamentable porque el “Tenemos que Hablar de Chile” ha revelado diversas categorías que caracterizan el estado anímico, aspiración, optimismo y pesimismo de los chilenos y sus prioridades no son exactamente las que los dirigentes políticos creen existir, lo que genera una conducción errática cuando no equivocada en la búsqueda del bienestar de la población.


La lectura detenida del informe suscrito por los rectores Sánchez y Vivaldi permite verificar cuan alejado de la ciudadanía están los dirigentes y que se traduce en pérdida de prestigio y credibilidad. La alta abstención de las elecciones de la última década revela no indolencia sino que pérdida de credibilidad en quienes dirigen el país.


En primer lugar, se detecta un estado anímico negativo preocupante de parte prácticamente la totalidad de los participantes (8.355 menciones): estrés, frustración, ansiedad, miedo, molestia, inseguridad soledad, cansancio, decepción y tristeza, estados anímicos que superan los positivos (3.309 menciones) como alegría, optimismo, felicidad, agrado, esperanza, seguridad, gratitud, y tranquilidad.


Estamos en un país triste y acongojado. Este estado de cosas puede explicar la alta resonancia del estallido del 18 de octubre, aún presente en nuestra sociedad, en comparación con el completo olvido de la manifestación pacífica del 25 del mismo mes en que participaron 2.5 millones de personas, la mayor manifestación pública registrada en el país, un clamor sin violencia al que dirigentes y medios de comunicaciones no le han prestado atención. Sin violencia y desmanes no habría habido acuerdo el 15 de noviembre. En ese sentido es tan violento como los actos que lo suscitaron.


¿Qué debe hacerse?


Los dialogantes identificaron 50 categorías de acciones que debieran promoverse o ejecutarse. La más prioritarias que ponderan el 67 % son la educación (29.1 %), le siguen la constitución (24.1%), salud (8.4 %), el sistema previsional (5.2 %). El sistema político, la política misma y el estado otro 10.5 % Las 43 categorías restantes, no son prioritarias. Su importancia relativa es del 1 % o menos: el medio ambiente, el sistema económico como así mismo las preferidas del discurso político como la desigualdad, participación, derechos sociales, la equidad, solidaridad, valores y equidad de género y otras. No significa esto que no sean importantes o no sean preocupantes, sino que la sociedad será más feliz y gozará de un mayor bienestar si se centran prioritariamente en las primeras nombradas y que al mismo tiempo irán resolviendo las segundas. Puesto de otra manera, las menos prioritarias pueden ser resultantes de las ineficientes políticas respecto de las primeras.


La sociedad no está en una situación pasiva, esperando que sea el estado, los dirigentes que deban actuar de inmediato. Hay también un deseo y una disposición positiva de parte de todos para informarse, votar y participar cuando las políticas dan resultados positivos.


¿Qué harán los dirigentes?


¿Estudiarán con atención el informe de los rectores? Es de esperar que lo mediten y lo estudien de modo que gobierno, los tres poderes, ejecute este mandato como la ciudadanía lo exige.



Javier Fuenzalida A.

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