Herencia negativa

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Luis RiverosLa discusión sobre un tercer retiro de fondos previsionales ha ocupado toda una semana noticiosa y de actividad política. Pero este debate ha estado bastante alejado de los intereses del ciudadano medio, quien mira con escepticismo y desilusión el cruce de opiniones y acusaciones entre distintos bandos, sin comprender cabalmente sus fundamentos. La cuestión, contradictoriamente quizás, es que se debate sobre el uso de los fondos previsionales que cada persona tiene acumulado para su retiro; es decir, se legisla sobre el uso que se puede dar al ahorro individual para la vejez. Y en el camino de vivo populismo que se ha abierto, ya hay varios millones de chilenos que no poseen tales ahorros previsionales, puesto que éstos se han agotado con los dos primeros retiros. Y se legisla sobre un tercero sin que exista ninguna idea sobre cómo se podrían reponer tales fondos, aparte de algunas afirmaciones muy irresponsables en orden a que ellas se “devolverán” a futuro. Y tampoco se observan propuestas realistas sobre cómo allegar recursos para mejor solventar esta cruda etapa de la pandemia. Lo injusto es que, por este camino, los viejos serán una carga para los hijos y nietos, que deberán pagar altos impuestos para financiar el retiro que hoy se ha gastado. Pero en el debate actual, lleno de juicios a priori y de improvisación, no hay cabida para una reflexión sobre lo que nos espera en 15 o 20 años más.

Es cierto que la pandemia ha empobrecido a todos, y que hay muchos que no pueden siquiera generar ingreso debido al exigente sistema de cuarentenas. Pero tampoco se puede desconocer que el país ha hecho un gran esfuerzo para apoyar a las familias y población en mayor necesidad. De acuerdo a estadísticas disponibles, Chile es el sexto país del mundo que más ha empleado recursos para asistir a la población más necesitada en relación a su PIB (después de N. Zelandia, EE.UU, UK, Japón y Alemania). En ello Chile emplea más de un 10% del PIB, muy lejos de la realidad de otros países de la región como Perú, Argentina o México. Es posible que todavía prevalezca un problema de focalización en la población más necesitada, a la vez que de diseño de los instrumentos de apoyo a las familias, cosas justamente a debatir y mejorar en el debate político, lejos de slogans fáciles y propuestas improvisadas. Hay que considerar, por ejemplo, problemas que vienen asociados como el desincentivo a trabajar, lo cual también puede abordarse de un punto de vista constructivo, sin negar la ayuda que necesitan las personas. Ciertamente, y por fortuna, el país ha estado en condiciones de financiar esta emergencia, y probablemente todavía podría seguir haciéndolo en beneficio de la población que sufre. Se requiere para ello un debate de otro nivel del que estamos presenciando.

La discusión ha puesto de relieve una concepción generalizadamente sesgada en contra del sistema de AFPs. Se le culpa de las bajas pensiones a costa de sus ganancias. Pero se ha dicho con insistencia, que el país necesita un debate a fondo sobre el modelo previsional alternativo que se requeriría, materia que está ausente de las discusiones en el Congreso Nacional, donde deberían existir propuestas específicas para reemplazar y mejorar el modelo existente. Contrariamente, sólo se escuchan afirmaciones generales, que descalifican al sistema o lo tildan de fraudulento, a pesar de haber generado un 70% de ganancia promedio para sus afiliados. Se ha reemplazado el antiguo slogan de que el dinero de las AFPs no existía para los ahorrantes, cosa que los retiros han probado que no era así, por el dicho de que estas entidades lucran en exceso con el ahorro de las personas. Pero no hay propuesta alternativa, sino solamente la idea de expropiar los fondos de ahorro previsional para hacer, como en el caso de Argentina, un sistema público “de reparto”, cuyas connotaciones no están siquiera insinuadas. Esa eventual expropiación, para pasar los fondos a una nueva entidad estatal de manejo de los mismos, lo único que generaría es una multitud de empleo en la misma, lo cual actuaría como el incentivo real para los partidos políticos. Nada se dice, sin embargo, sobre cómo tal sistema generaría los recursos para pagar pensiones satisfactorias, superando la falla del sistema actual debido al bajo ahorro e inestabilidad de los ingresos.

Los políticos, todos ellos, están en deuda con el país en materia previsional. Desde la primera administración de Bachelet, se han sucedido comisiones destinadas a revisar el sistema previsional. Hay una reforma pendiente en el Parlamento que duerme allí por años, mientras se suceden las reformas destinadas a dar cuenta del sistema AFPs. El país necesita conocer las ideas sobre un futuro sistema, mejorando el actual, que instaure mayor equidad y mejore la situación de las pensiones. Este es un tema cada vez más prioritario, en la misma medida en que aumente la esperanza de vida. Por eso, el país observa con incredulidad la falta de proactividad de los políticos en un tema tan sensible y trascendente, y su vivacidad para producir propuestas respecto del ahorro previsional que se va agotando y dejando así una herencia muy negativa para el futuro.


Prof. Luis A. Riveros