La felicidad y empresas familiares

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Hay días internacionales de muchos temas, pero el día de la felicidad merece una reflexión especial. No solo porque es relativamente reciente, solo el 2013 lo instauró Naciones Unidas para ser celebrado todos los 20 de marzo, sino porque reconoce el importante papel que desempeña la misma en nuestras vidas. Bután fue clave en lograr visibilizar esta mirada, desde principios de la década de 1970 este país reconoce el valor de la felicidad nacional por sobre el de los ingresos nacionales. Con este énfasis crearon el Índice de Felicidad Nacional Bruta tomando como base una forma diferente de concebir la felicidad, sustentada básicamente en la satisfacción con la vida que se construye sobre cuatro pilares: desarrollo socioeconómico sostenible, preservación cultural, buena gobernanza y conservación del medioambiente.

Es que hablar de felicidad es cosa seria, tanto porque requiere trabajo para lograrse como porque con mucha más frecuencia de lo que quisiéramos está amenazada, especialmente en tiempos de pandemia en que no podemos olvidar que los más afectados son las personas en situación de pobreza, aunque este concepto (pobreza) es mucho más que un nivel absoluto de ingresos, como lo ha argumentado magistralmente el Premio Nobel Indio, Amartya Sen, quien ve el desarrollo como libertad y equidad. Desde una mirada integral, consistente con Sen, la felicidad individual pasa por la felicidad global y requiere de la colaboración de todos.

En Proteus decimos que: “Nos inspira contribuir a que las familias sean más felices, las organizaciones más efectivas y las instituciones más legítimas”. Este propósito emergió espontáneamente a partir del trabajo que hacemos con familias empresarias, en que luego de una buena intervención, por ejemplo, redefiniendo roles en tensión o resolviendo serios conflictos, viendo producirse emocionantes reencuentros e incluso increíbles reconciliaciones -algunas justo antes de que algún familiar tuviera que despedirse de la vida-; el testimonio que compartíamos sistemáticamente entre colegas para resumir el resultado (y antes de repasar a fondo el proceso) era: “quedaron felices”.

Esta reflexión sobre la praxis es potente porque recoge un estado alegre y de satisfacción, pero lo hace reconociendo dos elementos claves:

1) La felicidad no es un fin último, sino un camino que vamos recorriendo juntos en que buscamos que lo mejor de cada uno (tanto de los integrantes de la familia como de nuestro equipo) se ponga al servicio del propósito compartido. Y, por lo tanto, debiera ser más bien considerado un resultado residual.

2) La sensación de felicidad en estos casos es la punta del embudo que captura todo lo que ahí sucede y que une el poder de trabajar en tres ejes al mismo tiempo: familia, organizaciones e instituciones. Es muy poco probable que podamos tener familias empresarias felices si no son parte de organizaciones efectivas regidas por una institucionalidad legitimada por todos.

Aunque hablar de felicidad para algunos es una moda, nos parece relevante destacar la dimensión de los seres humanos a que apela. Sabemos que ser exitoso no es igual a ser feliz, si no revisen la historia de la familia Rockefeller que demoró décadas en construir imaginarios distintos para un apellido que pesaba como estigma. También queda en evidencia según varios estudios que las empresas familiares han sido capaces de resistir mejor la contingencia de crisis y pandemia. Tal vez por ahí hay una hebra que tomar para tejer un nuevo tejido social más cohesionado, respetuoso y por qué no decirlo, más afectivo. El caos rara vez da felicidad.

No hay mejor forma de terminar esta exploración por los caminos de la felicidad que con una frase de Henry David Thoreau que nos invita a vivir la felicidad también con la confianza en el fluir de la vida: “La felicidad es como una mariposa, cuanto más la persigues, más te eludirá. Pero si vuelves tu atención a otras cosas, vendrá y suavemente se posará en tu hombro”.


Gonzalo Jiménez Seminario

CEO Proteus Management & Governance

Profesor de ingeniería UC