​Destellos de esperanza

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GonzaloJimenez


Es posible ver oportunidades pese a las proyecciones al alza de pobreza, desempleo, mortalidad infantil, violencia de género y otros dolores de la humanidad que el COVID-19 nos deja. Como dice el clásico refrán: “No hay mal que por bien no venga” y lejos de ser un consuelo simplón o de creer que todo mal produce un bien, podemos trabajar para que de lo negativo surjan cosas mejores.

Mientras enfrentamos la urgencia y articulamos la reconstrucción debemos hacerlo tomando los aprendizajes de este tiempo difícil. Si no aprendemos de lo ocurrido para salir fortalecidos, las leves mejorías serán siempre insuficientes. Propongo cuatro aspectos para debatir. Por supuesto, no los únicos, pero sí útiles para abrir conversaciones.

Lo primero es decir que las miradas parciales son insuficientes. Esta pandemia nos muestra la relevancia de miradas sistémica. Tenemos la certeza de que la causa es el coronavirus (SARS-CoV-2), sin embargo, también sabemos que hay multicausalidad en su propagación y que tiene variaciones dependiendo los grupos sociales. De esta forma, el mismo virus verá favorecido su contagio en personas que vivan en condiciones de inequidad, hacimiento, falta de agua, etc. Solo enfoques integrales que incluyan la totalidad de dimensiones del ser humano nos ayudarán a solucionar problemas complejos.

El segundo aspecto, es tomar la cooperación como camino. El resurgimiento de ollas comunes, multiplicidad de acciones coordinadas de solidaridad y el trabajo cooperativo entre instituciones son una expresión esperanzadora como una forma no competitiva para hacer las cosas. Estos nuevos espacios de cooperación entre países, instituciones y empresas de todo el mundo por desarrollar un tratamiento y vacunas fueron relevados por Mark Suzman, el director ejecutivo de la Fundación Bill y Melinda Gates, en un reciente encuentro virtual ¿Podría nuestra respuesta a la covid-19 ayudar a terminar con la pobreza? El individualismo genera resultados infinitamente más débiles que la cooperación.

Relevar a la innovación, tecnología y ciencias, es un tercer espacio para aprendizajes. Los países que están trabajando coordinadamente con la comunidad de científicos han tenido los mejores resultados para enfrentar la pandemia. Suena obvio, pero no lo es, muchos han negado sus aportes. También el rol de la tecnología una vez más quedó en evidencia para, por ejemplo, conectar a distancia a millones de personas con sus trabajos, sus familiares y amigos. Ahora necesitamos más desarrollos pertinentes y accesibles para toda la sociedad. La innovación y su mirada disruptiva será esencial para crear soluciones al servicio del bien común.

Como último y primero, el valor de las personas. Hoy que extrañamos no solo los abrazos de algunos, sino que a muchas personas que ya no volveremos a ver. Por eso, el sentido de constituirnos como humanos en la convivencia, como dice Humberto Maturana, está más presente que nunca. Solo somos junto a los otros. El tipo de sociedad que estamos siendo lo construimos todos los días, de ahí la radical importancia de tener como eje el bienestar de las personas. Como han advertido varios analistas, este es precisamente el momento para reconstruir sin dejar a nadie atrás, como señala la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible.

Espero sean cada vez más los líderes empresariales, que siguiendo el ejemplo que dan muchas empresas familiares, nos sorprendan con acciones de solidaridad, innovadoras soluciones y renovados paradigmas integrativos que se alejan del asistencialismo tradicional para hacer de estos destellos de esperanza una gran luz compartida.


Gonzalo Jiménez Seminario

CEO Proteus Management & Governance,

Profesor de ingeniería UC