A​utodisciplina y Conducta Individual, una clave no gubernamental en el combate de la pandemia

|

Bernardita Espinoza (1)


En mi columna anterior, “El Difícil balance entre Economía y Salud que ha implicado la crisis del COVID-19” me referí esencialmente al rol que le cabe a las autoridades respecto de la toma de decisiones y medidas más sensatas para el control de los efectos adversos de la Pandemia de COBVID-19, en esta columna en cambio me referiré al rol de nosotros como ciudadanos y personas en la toma de consciencia, la autodisciplina y la conducta individual de autocuidado tendiente a minimizar las posibilidades de contagio y por ende la propagación del virus.

En estos días escuchando las discusiones y leyendo de ellas, me sorprende la poca consciencia de autocuidado y responsabilidad personal respecto de nuestras decisiones, acciones y conductas que tenemos como ciudadanía y sobretodo me parece en especial extraña la masiva concepción respecto de un tremendo rol de omnipotente protector y responsable que le conferimos al Estado. Como si estuviéramos inmersos en un sistema político en que el Estado cumpliera un rol paternalista y rector de todas las actividades y aspectos inclusos los cotidianos de la Sociedad, cuestión que va en contra, incluso de lo consagrado en la Constitución Política de la República, según la cual el Estado cumple un rol subsidiario, de modo que opera al margen de la Sociedad, y por ende, no interfiere directamente ni define y dirige fehacientemente todas las actividades y decisiones de la Sociedad.

Ante esta crisis, se ha notado que ante las decisiones y conductas individuales nos hemos estado comportando como niños esperando que una mano rectora superior movilice nuestros actos, como si esperáramos en todo momento que un gran padre o madre dirija nuestras decisiones y asuma las responsabilidades. He visto entrevistas en que la gente reclama que no haya “autoridades” exigiendo a la gente “mantener las distancias en las filas”, exigiendo mayores controles en las rutas para evitar que la gente masivamente “se salte la cuarentena”, y en general vociferando contra un ente exógeno y mega-responsable, que sería algo así como “las autoridades” responsables de hacer cumplir las medidas de autocuidado dictadas y en algunos casos sugeridas. Siendo que es de notoria obviedad que mantener las distancias en las filas, quedarse en casa en los feriados, mantener el máximo confinamiento que sea posible son conductas personales y de autocuidado mínimas que cualquier persona adulta debiera seguir sin necesidad de que nadie se la imponga, supervise, ni demande.

El rol del Estado, en esta o cualquier crisis, es de coordinación, así como de emisión de medidas y directrices generales, no de custodiar palmo a palmo de los ciudadanos cumplan medidas que han sido establecidas para resguardar su propia seguridad y salud.

He visto, por ejemplo mucha polémica respecto de la reapertura de los “Malls”, “Cafés” y “Restaurantes”, como si el solo hecho de que fueran abiertos obligara a acudir en masa a dichos comercios, siendo que es responsabilidad de cada cual custodiar el mayor confinamiento y distancia social que le sea posible, dentro de las obligaciones y condiciones de vida que enfrenta cada cual.

En toda época los impactos de las pandemias en las poblaciones y la rapidez de su propagación han dependido mucho de sus costumbres higiénicas y culturales, que hoy podemos asimilar al autocuidado que esta situación nos demanda, lado que estas costumbres han implicado menor o mayor propagación de las enfermedades. Es tristemente célebre el caso del pueblo judío en la pandemia medieval de Peste Negra en los años de 1347-1353, que dadas sus estrictas costumbres de higiene personal y en el procesamiento de alimentos, así como por encontrarse mucho más desarrollado y aceptado entre ellos el ejercicio de la medicina, les llevó a infectarse, morir menos y a causa de ello, ser injustamente perseguidos y culpados.

También en esta pandemia se han notado diferencias que no obedecen a las medidas gubernamentales, sino que a la cultura de autocuidado individual y respeto de las sugerencias de las autoridades, que ha implicado que en algunos países se haya logrado una relevante contención del contagio, aun con medidas gubernamentales mucho más laxas que las nuestras, pero con un nivel de autocuidado personal notable, como el caso de los países bajos, que ha logrado un 93% de confinamiento estricto siendo éste plenamente voluntario y un importante freno al contagio muy distinto que sus vecinos.

De este modo, más allá de las medidas que tomen las autoridades, los responsables de nuestra salud e integridad somos nosotros, y dentro de los márgenes que nuestras propias responsabilidades y necesidades económicas nos permitan debemos procurar el mayor nivel de distancia social, confinamiento voluntario, autocuidado que nos permita contribuir a minimizar la propagación de la enfermedad por nuestro bien, el bien de nuestra familia, el resto de la ciudadanía, la economía y bienestar del País.


Bernardita Espinoza