​¿Cuántos cupos aseguran la representatividad de las minorías en la Convención Constituyente?

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Mario astorga (columnista)


En Chile y en el mundo hemos ido aprendiendo en los últimos años el enorme valor que tiene la inclusión de distintas miradas en la toma de decisiones ya sean políticas públicas, decisiones empresariales o de cualquier índole. El periodo de las políticas públicas decididas en los escritorios de un profesional “preparado” pero sin contrastar con los usuarios y/o beneficiarios quedó sepultado con los malos resultados del Transantiago y la ley de estacionamientos, por mencionar dos casos ampliamente conocidos.

Uno de los errores cuando se habla de inclusión es asociarlo a temas de género y pueblos originarios; sin embargo de acuerdo a la Declaración de las Naciones Unidas, suscrita por Chile, se refiere a todos aquellos grupos nacionales o étnicos, religiosos y lingüísticos que son numéricamente inferiores al resto de la población de un Estado, que se encuentra en una posición no dominante. Por ende la inclusión debe considerar en Chile además del tema de género y pueblos originarios a las comunidades LGTBI, a los minusválidos, al creciente número de inmigrantes, a las minorías religiosas, a la MiPyME, etc.

Los científicos han demostrado, lo que era a todas luces obvio. Hay muchas diferencias entre los hombres y las mujeres, y no son solamente diferencias adquiridas con la socialización de los roles a lo largo de la historia, sino diferencias duras como la composición de cromosomas, el funcionamiento de las hormonas, las características sexuales primarias y secundarias, la temperatura corporal, el desarrollo de los sentidos, la monotaskia de los varones, la multitaskia de las féminas, etc. Todas esas diferencias implican apreciaciones diferentes al momento de tomar decisiones; empero, posiblemente la mayor diferencia se produce por los tipos de conexiones neuronales, y el uso principal de diferentes hemisferios del cerebro. Diferencias que implican distintas maneras de pensar frente a un problema. Por ello la mayoría de la sociedad, a pesar de que los cambios van más lentos que lo necesario, ya entendió que una sociedad machista no solo es mala porque le niega oportunidades a las mujeres de integrarse y participar, sino porque la sociedad pierde la “mirada” de la mujer en la toma de decisiones. Una empresa que se pierde las características decisionales de una mujer entiende menos al cliente, a los trabajadores, a la competencia, a sociedad, al medio ambiente, etc. Lo mismo pasa con la ausencia de la mirada de la mujer en las decisiones públicas.

Otro tanto ocurre con la incorporación de los pueblos originarios, no solo para defender su legado en la construcción de la nación, sino porque llevan cientos y miles de años en contacto con la tierra y conocen mejor las consecuencias, por ejemplo, de los cultivos de árboles exóticos, y de la caza indiscriminada de algunas especies, etc.; además del recientemente aporte descubierto por los huincas, a la salud, a la gastronomía, al conocimiento del subconsciente, etc.

Una situación similar ocurre con la inclusión de los minusválidos, que la humanidad prácticamente escondió durante siglos y las familias los tenían relegados a las piezas del fondo y hoy vemos como los lisiados, síndromes de Down, ciegos, sordos, pueden hacer unas contribuciones magníficas al arte, al trabajo preciso, a las ciencias, y a la felicidad de las familias.

A pesar de ser Chile un país de inmigrantes, se ha producido una discusión estéril sobre si son muchos o pocos los que han llegado en los últimos años, en vez de discutir como nuestra nación puede profitar de las características, artes, oficios, competencias que las distintas etnias le pueden hacer a nuestra sociedad.

La mayoría de los programas para combatir la extrema pobreza en Chile han cometido errores graves porque los beneficiarios de los programas no fueron considerados en sus diseños, o lo hicieron demasiado tarde, cuando ya los recursos públicos se estaban despilfarrando. La representación de los más vulnerables es inexcusable.

Las MiPyME, no son una minoría numérica, pero son una tremenda minoría, quizá la más alienante, en términos de poder político y social. Chile ha sido durante décadas un país pensado para que les vaya bien a las grandes empresas, a nivel tributario, financiero, de innovación, tecnológico, laboral, etc. El Estado, posiblemente sin proponérselo, a través de ignorar a la PyME ha marginado el aporte de más de un millón de empresarios y sus tres millones de trabajadores de la creación de riqueza para nuestro país.

En los últimos años se ha producido evidencia científica que ser gay no es un delito sino muchas veces una imposición genética de la naturaleza y otras veces surge de la opción de las personas, lo mismo ocurre con lesbianas, transexuales, intersexuales.

Los abortistas y los que defienden la vida también son minorías con argumentos sólidos que deben ser escuchados.

Todas estas minorías y posiblemente otras tienen motivos fundados para influir en algunos aspectos de la nueva Carta fundamental. Vale la pena preguntarse ¿Por qué solo se ha discutido la cuota de representantes de género y de pueblos aborígenes a la Convención Constituyente? ¿Por qué nadie defiende el derecho a cuotas de las otras minorías? ¿Será porque las organizaciones que defienden las cuotas de género y pueblos originarios son parte de la Mesa Social y las otras no?

¿Cuántas mujeres deben formar parte de la Convención Constituyente para que la mirada de género esté representada en el nuevo proyecto de Constitución? ¿Cuántos representantes de los pueblos aborígenes? ¿Cuántos de los discapacitados?, ¿Cuántos LGTBI? ¿Cuántos PyME? ¿Cuántos inmigrantes?, etc.

Creo que el gran error es pensar en el tamaño de la cuota y no en la calidad de la cuota. Aylwin solo fue convenciendo, y muy de a poco, a toda la oposición a la dictadura de seguir su estrategia.

Cada una de las minorías debe elegir el mejor representante que pueda para hacer sus planteamientos cada vez el proyecto constitucional este ignorando o vulnerando los intereses de dicha minoría.

Es vez de gastar tiempo valioso en definir el tamaño de cada cuota, se podría acordar que el Estado le provea a cada representante de minoría un sólido apoyo técnico y profesional para investigar, elaborar y presentar con lógica y racionalidad propuestas e indicaciones convincentes desde ese ángulo.

En medio de las protestas y vandalismos buena parte de los parlamentarios destinaron un día completo a la acusación constitucional a un ex Ministro que ya no es parte de ninguna solución al problema que vive el país, ahora están despilfarrando muchísimas horas en definir la cantidad de representante para dos minorías en vez de definir la calidad de la representación de todas las minorías y de avanzar en las materias que urgen al pueblo sufriente: salario mínimo, reformas al sistema de pensiones, acceso universal a educación y salud de calidad.

No se sigan preguntando porque cada día los partidos políticos representan a menos gente. 


Mario Astorga De Valenzuela