Pía Bartolomé



Pía Bartolomé

“Emprender es lanzarse de un precipicio y construir un avión en el camino hacia abajo.” Con estas pocas palabras, Red Hoffman, cofundador de LinkedIn, grafica de manera poderosa lo que significa para él emprender. Saras Sarasvathy, profesora de Darden Business School, creadora del modelo Effectuation de emprendimiento agregaría que “lo construyes con lo que tienes a mano”: quién soy, a quiénes conozco, qué recursos tengo... Como sea, quienes eligen este camino suelen requerir valentía, ingenio, creatividad, y por sobre todo determinación y, en su mayoría, son personas apasionadas y con convicción por lo que hacen y perseverantes, con una buena dosis de tozudez.

Determinar remuneraciones en una familia empresaria nunca es solo un número: es una conversación valiente sobre reconocimiento, poder y pertenencia; y, cuando intervienen los padres: de afectos y control, lo que suele dificultar todo aún más.

Hace poco supimos de una chilena que asumirá un rol de gran relevancia, administrando la fortuna del padre de Jeff Bezos, uno de los hombres más ricos del mundo. Así, Valeria Alberola, estará a cargo de un importante family office que administra unos US$40 mil millones en la actualidad y que apunta a expandirse. Celebramos la noticia, no sólo por ser chilena, sino por ser mujer y competente.


“Si quieres ir rápido, ve solo. Si quieres ir lejos, ve acompañado.” Este proverbio africano encierra una verdad profunda que resuena con fuerza en el corazón de las familias empresarias: la sostenibilidad de un legado no se construye en soledad. Inspirada en la filosofía del ubuntu —“yo soy porque nosotros somos”—, esta mirada reconoce que la identidad y el futuro de una empresa familiar dependen del tejido de relaciones intergeneracionales que la sostienen.

A fines de abril terminaron en nuestro país las tradicionales juntas de accionistas de las empresas. Algunas compañías del IPSA renovaron sus directorios y este año se quebró una tendencia que venía avanzando desde 2011. Me refiero a que en esta oportunidad no aumentaron las mujeres en directorios respecto a períodos anteriores. Es más, este 2025 hubo un retroceso en la presencia femenina en estas instancias., dado que bajó a un 21%, frente al 22,1% del año pasado, y solo una de las 10 empresas que renovaron sus directorios incorporaron a una mujer.

Las empresas familiares tienen, entre muchas otras virtudes, la capacidad de trascender generaciones, combinando tradición y visión de futuro. Su sostenibilidad, sin embargo, no solo depende de estrategias de negocios o de un buen gobierno corporativo, sino también del manejo del capital humano y la adaptabilidad de sus miembros al ciclo familiar y empresarial. En este contexto, las mujeres desempeñan un rol, muchas veces silencioso, pero profundamente determinante para la cohesión, la continuidad y la estabilidad del legado del fundador/a.

Se nos vino marzo y, con ello, después de las vacaciones retomamos el rigor del nuevo año con energías recuperadas, algo de calma tras la presión del fin de 2024 y, también, una relativa pausa a los conflictos laborales y el estrés diario.

Cuando hablamos de empresas familiares, no hay dos opiniones sobre la mayor complejidad de sus interacciones y el peso de las historias compartidas, que determina el vínculo entre sus ejecutivos. Conductas como la transferencia, proceso en el cual pensamientos, sentimientos y comportamientos aprendidos en un entorno (familiar) se activan en otro (empresarial); la transposición (que abordamos en la columna anterior); y el ejercicio de autoridad, el orden de nacimiento y el género de los miembros de la familia, entre otros, son dinámicas que incidirán en las relaciones y en la evolución del negocio familiar.

Hace unos días, Bernardo Larraín Matte puso de relieve la mirada de largo plazo que caracteriza a las empresas familiares, cuyo horizonte no se fija en años sino en, al menos, décadas. Algunas de las claves que sustentan esa proyección son el orgullo y sentido de pertenencia del negocio familiar, la responsabilidad con que los miembros asumen los desafíos, una cultura o esencia que perdura y, por supuesto, la capacidad de tomar decisiones efectivas antes que rápidas.


La dificultad de comunicarse cara a cara con los hijos es una temática recurrente en reuniones de apoderados o en instancias sociales con parejas de padres. La digitalización de las relaciones entre los jóvenes, donde parece más cómodo y a la mano chatear o jugar en línea con amigos que establecer conversaciones reales, ha complejizado la vinculación padres / madres – hijos / hijas. Cada una de las partes se siente mejor en su realidad presencial y virtual, respectivamente, a la hora de resolver conflictos o, incluso, ponerse de acuerdo en asuntos cotidianos de la vida familiar.