Pía Bartolomé



Pía Bartolomé

Cuando pensamos en una familia, pensamos en amor. Cuando pensamos en una empresa, pensamos en inteligencia. En un lado ubicamos el cariño, la protección y los vínculos; en el otro, la razón, la estrategia, los resultados y las decisiones difíciles. Como si existiera una frontera invisible entre ambos mundos. Sin embargo, hacer esa distinción y guiarse por ella puede llevar a tomar malas decisiones. Porque una familia también necesita inteligencia para amar bien y una empresa necesita amor para decidir bien. Ambas dimensiones son inseparables.




Cuando las familias gestionan su patrimonio, ya sea por algún proceso de herencia o sucesión, o en decisiones cotidianas de asignación de recursos entre sus miembros (como apoyos, regalos, beneficios, mesadas, préstamos u otros), se observa un patrón recurrente: los conflictos rara vez se originan por el dinero en sí, sino por el significado distintivo que cada persona le atribuye a lo que recibe o percibe que recibe. 

Hoy estamos siendo testigos de un fenómeno silencioso pero decisivo para el futuro de las empresas familiares: la mayor transferencia de riqueza de las últimas décadas. Empresarios y familias que levantaron sus patrimonios a lo largo de generaciones, como ha ocurrido en casos emblemáticos en Chile con los Matte, Luksic, Yarur, Piñera, Paulmann entre otras, están entrando en una etapa de la vida donde el traspaso de activos deja de ser una posibilidad lejana y se convierte en una realidad inevitable.

En Chile, y el mundo, gran parte de la economía tiene rostro familiar. No se trata solo de historias de emprendimiento o de negocios que pasan de padres a hijos, sino de un tejido empresarial que sostiene inversión y desarrollo.

Cuando hablamos de Empresa Familiar se nos vienen a la cabeza un sinfín de desafíos asociados a cómo impulsar el desarrollo del negocio: cómo profesionalizar la gestión empresarial y la dinámica familiar, cómo preservar y hacer crecer las inversiones con propósito, cómo innovar con sentido, cómo incentivar la participación de las próximas generaciones en un rol apropiado, etc. 


“Emprender es lanzarse de un precipicio y construir un avión en el camino hacia abajo.” Con estas pocas palabras, Red Hoffman, cofundador de LinkedIn, grafica de manera poderosa lo que significa para él emprender. Saras Sarasvathy, profesora de Darden Business School, creadora del modelo Effectuation de emprendimiento agregaría que “lo construyes con lo que tienes a mano”: quién soy, a quiénes conozco, qué recursos tengo... Como sea, quienes eligen este camino suelen requerir valentía, ingenio, creatividad, y por sobre todo determinación y, en su mayoría, son personas apasionadas y con convicción por lo que hacen y perseverantes, con una buena dosis de tozudez.

Determinar remuneraciones en una familia empresaria nunca es solo un número: es una conversación valiente sobre reconocimiento, poder y pertenencia; y, cuando intervienen los padres: de afectos y control, lo que suele dificultar todo aún más.

Hace poco supimos de una chilena que asumirá un rol de gran relevancia, administrando la fortuna del padre de Jeff Bezos, uno de los hombres más ricos del mundo. Así, Valeria Alberola, estará a cargo de un importante family office que administra unos US$40 mil millones en la actualidad y que apunta a expandirse. Celebramos la noticia, no sólo por ser chilena, sino por ser mujer y competente.


“Si quieres ir rápido, ve solo. Si quieres ir lejos, ve acompañado.” Este proverbio africano encierra una verdad profunda que resuena con fuerza en el corazón de las familias empresarias: la sostenibilidad de un legado no se construye en soledad. Inspirada en la filosofía del ubuntu —“yo soy porque nosotros somos”—, esta mirada reconoce que la identidad y el futuro de una empresa familiar dependen del tejido de relaciones intergeneracionales que la sostienen.

A fines de abril terminaron en nuestro país las tradicionales juntas de accionistas de las empresas. Algunas compañías del IPSA renovaron sus directorios y este año se quebró una tendencia que venía avanzando desde 2011. Me refiero a que en esta oportunidad no aumentaron las mujeres en directorios respecto a períodos anteriores. Es más, este 2025 hubo un retroceso en la presencia femenina en estas instancias., dado que bajó a un 21%, frente al 22,1% del año pasado, y solo una de las 10 empresas que renovaron sus directorios incorporaron a una mujer.