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Leonardo Quijarro Santibáñez |
El 11 de septiembre de 2026, combatientes hutíes desembarcaron en la isla de Perim, también conocida como Mayyun, un peñón volcánico que divide en dos canales de navegación el estrecho de Bab el-Mandeb.
El conflicto en Oriente Medio, después de algún periodo de calma, volvió a reactivarse a contar de la semana pasada. Los ataques estadounidenses contra instalaciones de la Guardia Revolucionaria de Irán en las islas de Qeshm y Larak, y en las localidades costeras de Bandar Abbas, Sirik, Konarak y Chabahar, junto con la represalia iraní contra bases norteamericanas en Jordania, Kuwait y Bahréin, confirman un patrón ya visto en oportunidades anteriores en este conflicto: golpes de alta visibilidad mediática y bajo rendimiento estratégico.
Han pasado algo más de 5 meses desde que, en la madrugada del 28 de febrero de 2026, cazabombarderos estadounidenses e israelíes iniciaron una oleada de ataques sobre territorio iraní ante la negativa del país persa de dar cumplimiento a las resoluciones de Naciones Unidas respecto del no desarrollo de capacidades nucleares que pudieran ser empleadas militarmente.
La firma del Memorando de Entendimiento de 14 puntos entre Estados Unidos e Irán, representará el punto de inflexión geopolítico más interesante en lo que va de este año 2026.
El 28 de febrero de este año, la arquitectura de seguridad de Oriente Medio saltó por los aires con el inicio de la operación conjunta estadounidense e israelí denominadas “Furia Épica” y “Rugido del León”, respectivamente. El estableció un "Cese al Fuego" el pasado 8 de abril bajo el pretexto, del inicio de conversaciones de paz, con plazos perentorios y ultimátum que, sucesivamente, se han ampliado hasta hoy en que se cumplen cien días de hostilidades. Desde una perspectiva militar y geopolítica, la pregunta no es solo quién ha disparado más misiles, sino si los objetivos iniciales justifican el estado actual del tablero global. ¿Es este el escenario que Washington, Tel Aviv, Bruselas y Teherán esperaban?
Desde la perspectiva del siglo XXI, el análisis de la historia global nos obliga a mirar el pasado no como una simple acumulación de efemérides, sino como un mapa de navegación ética. Vivimos en un ecosistema global hiperconectado, pero profundamente fracturado.
La geopolítica de Oriente Medio siempre ha sido una partida de ajedrez donde las piezas se mueven con una parsimonia engañosa, pero hoy, el tablero parece haber sido sustituido por un cronómetro de arena que se agota para todos los involucrados. Las recientes declaraciones del presidente Donald Trump, sugiriendo que el bloqueo naval del Estrecho de Ormuz podría ser más prolongado, han transformado la tensión regional en una crisis de resistencia global.
La arquitectura de seguridad contemporánea en el Medio Oriente atraviesa un proceso de peligrosa erosión, donde la disuasión tradicional ha sido suplantada por una dialéctica en que cada una de las partes en conflicto clama éxitos sucesivos.
A diecisiete días del inicio de la Operación "Furia Épica", el mundo asiste a una paradoja militar y económica sin precedentes en el siglo XXI.