Leonardo Quijarro Santibáñez



Leonardo Quijarro Santibáñez

A diecisiete días del inicio de la Operación "Furia Épica", el mundo asiste a una paradoja militar y económica sin precedentes en el siglo XXI.

La historia de la estrategia militar ha tenido, en general, una narrativa dominada por el polvo de las estepas y la delimitación de fronteras terrestres, pero la crisis actual en Oriente Medio nos lleva a una mirada más amplia sobre la naturaleza del poder nacional y su ejercicio, para el caso de las naciones ribereñas, en un territorio marítimo que obedece a cuatro elementos constitutivos de la estrategia marítima: el territorio, la fuerza, la posición y las líneas de comunicaciones marítimas (SLOC).

Históricamente, los imperios se consolidaron mediante el control de las rutas marítimas y, más tarde, del espacio aéreo. Hoy, la frontera de la soberanía se ha desplazado hacia dos extremos invisibles: el vacío del espacio extraterrestre y la profundidad de los océanos donde residen los cables de fibra óptica.

Tras ya casi 1.461 días de combates, la tesis de Fukuyama pareciera yacer en alguna trinchera del Donbás. Hemos regresado a la "historia" en su forma más cruda: conquistas territoriales, política de esferas de influencia y un choque de civilizaciones que la globalización no pudo evitar.

El escenario económico global ha dejado de ser un tablero de intercambio comercial para transformarse en un campo de batalla geopolítico.

Chile no llega a este escenario desde cero. Hemos construido un liderazgo sólido a través de nuestras Áreas Marinas Protegidas (AMP) en territorios insulares, que sirven hoy como referente para lo que el BBNJ busca replicar en alta mar.

El inicio de este año 2026 ha sido violento e intenso, tanto a nivel regional como mundial. A la captura de Nicolás Maduro y su impacto en la política internacional por las diferentes aproximaciones a los hechos, tanto en la forma como en el fondo, se suman, en forma cada vez más estridente, los hechos que sacuden a la República Islámica de Irán


El cierre del año 2025 se presenta ante la historia como lo que podría ser el epílogo de la era de la hegemonía indiscutida y el prefacio de un orden global fragmentado. 

La decisión anunciada por Colombia, hace un par de días, de seleccionar el caza sueco SAAB Gripen E/F sobre las alternativas tradicionales de Estados Unidos (F-16) y Francia (Rafale), aparece como un ejercicio de autonomía estratégica, la que adquiere una dimensión geopolítica aún más profunda al incorporar el papel de Brasil.

La reciente ratificación del acuerdo intergubernamental de cooperación militar entre Rusia y Cuba por el presidente Vladimir Putin, el 15 de octubre de 2025, tras la aprobación de la Duma Estatal o Cámara Baja del Parlamento Ruso (Asamblea Federal), trasciende el mero acto diplomático para convertirse en un claro desafío geopolítico con repercusiones potenciales para la economía de Estados Unidos y, como consecuencia, para el mundo.