Legado

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Luis Riveros (columnista)


Chile parece haberse descubierto a sí mismo en estos días. Una gran proporción de la población descubre problemas que, no obstante haber estado siempre presentes, ahora adquieren una magnitud real y tangible merced a las multitudinarias protestas. La indiferencia ante los actos de corrupción y colusión, el significativo retraso en materia de pensiones, las remuneraciones y productividad indignas de muchos chilenos, la ineficaz labor de los políticos en torno a estas situaciones, son todas cosas que ahora saltan a la vista como una sola y amarga realidad, adornada por nuestra pésima actitud hacia los demás y nuestro materialismo consumista. Se trata de un sólo frente de problemas difíciles de asir en forma conjunta,. Pero también está el Chile de la violencia que nunca se había visto antes: destrucción del transporte público, saqueo de grandes tiendas y supermercados, robo a pequeñas empresas, incendio de propiedad privada, destrucción de monumentos públicos. Y también, frente a esta rabia manifiesta, la represión policial que no ha distinguido ni entre actos ni hechores y las negativas consecuencias en términos de desempleo y actividad económica. En este escenario, donde todos los políticos son los actores más cuestionados, la mayoría del país se encuentra desorientada. Hay propuestas para mejorar las pensiones, para elevar las remuneraciones, reducir los costos del transporte y los servicios; hasta se ha mencionado eliminar los pagos del CAE, disminuir gastos públicos, y efectuar cambios en materia tributaria. Más allá, está la aspiración de muchos en orden a iniciar, en este estado de cosas, un debate para cambiar la constitución del año 2005, que había sido fruto de un acuerdo político transversal durante el gobierno del Presidente Lagos. No parece lo más propicio iniciar una discusión tan delicada en el actual ambiente de temor, incertidumbre y rabia generalizada, pero es lo que se está aprovechando como capital político a cultivar.

Es mejor que los políticos asuman su responsabilidad en cuando a adoptar iniciativas concretas esperadas por la población, porque las cosas se pospusieron demasiado, cuestión que no es producto de la Constitución en sí misma, sino que de su desidia y lejanía de las aspiraciones que desde hace mucho ha manifestado la gente y que fue indicada reiteradamente. La ciudadanía quiere ver cosas tangibles, medidas concretas en favor de disminuir el maltrato y mejorar las condiciones de vida de los más pobres. Entre otras cosas, aspira a una severa disminución del gasto en parlamentarios y estructuras de gobierno, como una señal del Chile más justo que se quiere. Y junto con eso, la ciudadanía quiere ver un cambio de actitud, para que todos mostremos ser más solidarios con la situación de necesidad y desamparo en que viven muchos chilenos. El grave problema, es que no hay conducción política capaz de abordar con disposición y sinceridad estas materias. Ni en el lado de los que protestan, ni en el lado de los propios Poderes del Estado lo cuales dialogan en forma intermitente. Si esto no se remedia, será difícil una salida convincente y de compromisos que tengan la credibilidad necesaria por uno y otro lado. Mientras tanto, está una ciudadanía que sufre diariamente las consecuencias de este estado de cosas, incluyendo a niños que dejan de atender su educación porque los mayores estamos preocupados de seguir destruyendo el país. Tiene que haber un liderazgo por encima de la política tradicional y de sus vergüenzas, para encauzar al Chile que todos queremos legar para el futuro.


Prof. Luis A. Riveros