Luis Riveros



Luis Riveros

Poca duda cabe acerca del profundo impacto económico y social que nos ha traído la pandemia que padece el mundo. Las estimaciones del FMI pronostican una caída del PIB mundial de más de 6% en el 2020, y para Chile se anuncia una disminución de 5%.

La propuesta que han formulado un grupo transversal de economistas de oposición tiene el gran mérito de llevar la discusión sobre asistencialidad frente a la crisis desde un criterio basado en el corto plazo hacia el mediano plazo. Todos sabemos que la pandemia está azotando severamente la economía nacional, particularmente a los hogares en mayor desmedro económico.

Fue una pandemia de protesta sin propuesta la que atacó primero a Chile, que por desgracia facilitó el desarrollo de la pandemia sanitaria, teniendo como una manifestación evidente la actual profunda pandemia social.Ya ha sido dicho antes: mientras no se reconstituya el dañado tramado social de Chile, mientras no se reponga la credibilidad de los Poderes del Estado, mientras no se solucione aquello que es tan cierto “hay chilenos de primera y de segunda clase”, la pandemia social se seguirá profundizando.

Muchos observadores independientes parecen compartir la idea de que la oposición política al actual gobierno no ha cumplido un papel relevante en la actual situación.

La pandemia que afecta al mundo está determinando cambios profundos en los hábitos sociales, como también en las prácticas laborales. No es ya controversial el asegurar que la salida de esta pandemia no implicará la vuelta atrás a una normalidad que será imposible de recuperar.

La sociedad chilena está cercada por el miedo.  Un miedo que invade a sus distintos estamentos sociales, grupos de edad, connotaciones geográficas o identificaciones valóricas.

La vuelta hacia una cierta “normalidad” ha sido el tópico que ha despertado discusión en días presentes. Recientes informes de entidades de investigación de la mayor seriedad, han indicado que tendremos que seguir conviviendo con la amenaza del COVID19 durante bastante tiempo más. Es decir, no existe ese panorama que imaginábamos al comienzo de esta pesadilla, en orden a que bastarían unos tres o cuatro meses para dar por superada la pandemia y volver a la misma vida de antes.

La situación económica es una dimensión muy reveladora del serio problema que ha traído la pandemia en todo el mundo. Las estimaciones domésticas ponían a la caída del PIB chileno este año 2020 a nivel de -2.5 a -3.0%. Recientemente el Fondo Monetario, con mayor información seguramente, ha lanzado la cifra de -4.5%, la cual, enorme como parece, es en realidad una de las menos drásticas pronosticadas para la región latinoamericana, donde México, Argentina y Brasil están cayendo a más de 5%.

El mundo vive una gran tragedia producto del Corona Virus. Nadie se habría imaginado que Paris llegara estar virtualmente cerrado, que Italia y España permanezcan asoladas por la infección, y que el propio EE.UU enfrente una crisis de proporciones en grandes ciudades, especialmente Nueva York donde el emblemático Central Park hospeda hoy un hospital de emergencia. Alemania, los países bajos y los nórdicos, además de Japón, enfrentan una situación grave, absolutamente inesperada para ellos.

Enfrentamos una verdadera catástrofe, la cual amenaza seriamente nuestra existencia y la calidad de vida futura en sociedad. Junto con ella, muchas cosas han llegado para quedarse, puesto que lo que estamos obligadamente practicando nos hará más desconfiados de los demás, y más temerosos sobre el futuro. Eso significará la necesidad de reenfocar nuestra educación hacia la formación de actitudes que contribuyan al mejor vivir en sociedad, instancia que podemos aprovechar para restituir la formación ciudadana que tanto se echó de menos en los últimos meses.