Luis Riveros



Luis Riveros

asta la primera década de este siglo, el Instituto Nacional mantenía un claro liderazgo en el sistema educacional, y marcaba hitos relevantes en sus resultados educativos. Ha bastado menos de una década para que todo eso se haya desmoronado, y el “primer foco de luz de la Nación” se haya convertido en una estremecedora sombra.

Dentro de los anuncios formulados en la última Cuenta Presidencial, la iniciativa de reducir el número de Parlamentarios a 120 Diputados y 40 Senadores ha destacado por el apoyo que concita. Las razones del generalizado apoyo que se observa radica en cinco razones principales, que hacen de la propuesta no una populista sino una más bien realista.

El cambio en el currículo de la enseñanza media habría sido objeto de estudio durante mucho tiempo antes de su aprobación por el CNED. A pesar de ello, parece ausente la mirada de conjunto que ha de reflejarse en los propósitos centrales de la formación que se obtiene en la enseñanza general.

La búsqueda de liderazgos políticos se constituye en la tarea más importante de hoy para una ciudadanía que se debate entre la incertidumbre y el engaño.

La desilusión ciudadana y el profundo sentimiento de frustración que inunda a nuestra sociedad, crece de manera desbocada, mientras los poderes del Estado están ensimismados en lo que consideran prioridades, las más de las cuales se alejan de las aspiraciones de la gente.

Las universidades necesitan transformaciones importantes para aumentar la relevancia de su respuesta a los problemas que antepone la sociedad del conocimiento. Una de las limitantes para un más efectivo trabajo universitario es la tradicional organización en términos de Facultades y Departamentos que responde a criterios disciplinarios más bien verticales y estrechos.

Han emergido manifestaciones estudiantiles sobre temas que empiezan a insinuarse como nuevas demandas. Entre ellas, se encuentra el tema de la salud mental estudiantil, cosa que ya se había insinuado a partir de los reclamos por los eventualmente altos niveles de exigencia académica.

Entre estudiantes universitarios existe una protesta por los eventualmente altos niveles de exigencia académica que impondrían algunas instituciones y carreras. Le denominan “acoso académico”, consistente en verse obligados a muchas horas de estudio y trabajo para cumplir con los estándares que envuelven cursos y actividades de aprendizaje.

Nada más inapropiado que hacer depender las relaciones comerciales de Chile y su propia estrategia de diversificación comercial, de las políticas que juegan en el interés de los EE.UU.

Negarse a la idea de legisla atenta contra las tradiciones republicanas con respecto al tema fiscal tan crucial para el país, especialmente cuando tal posición se afirma en preconcepciones sobre una materia en que ya hemos experimentado un fracaso.