Luis Riveros



Luis Riveros

La ciudadanía está pasando por tiempos muy difíciles debido a la severa situación que impone la pandemia del COVID19. El encierro está causando estragos en la salud mental de todo el grupo familiar, y con ello alterando la calidad de la comunicación entre sus miembros y debilitando el necesario apoyo mutuo.

Poca duda cabe acera de que el reto más importante para Chile en los próximos años se refiere a aumentar considerablemente la tasa de crecimiento económico, esto es la expansión del Producto Interno Bruto. Sin esto no será posible el crecimiento del ingreso per cápita, ni la disminución del desempleo, ni el aumento de los salarios, cosas todas que esperamos ocurran para ver florecer nuevamente nuestra actividad económica y progresar en la calidad de vida del ciudadano medio

Nuestro país está pasando por un enorme sufrimiento producto de la terrible pandemia que nos aqueja y de sus tristes consecuencias. Se ha escrito mucho sobre las conductas que hemos estado practicando como sociedad y que han ayudado decididamente a llegar al punto de verdadera desesperación en que nos encontramos.

La situación sanitaria ha alcanzado una evidente gravedad, dado el número de infectados diarios y la presión que existe sobre la ocupación de camas para pacientes críticos. Indudablemente, esto es gran parte debido a la falta de disciplina que hemos mantenido como sociedad, dejando de lado las recomendaciones sanitarias y desarrollando todo tipo de conductas contrarias a la necesidad de aislamiento y protección.

Primero se constituyó en hito de una cierta “diversión” por parte de agitados grupos que usaron el emplazamiento de la estatua del General Baquedano como ícono para diversas celebraciones. En efecto, los triunfos y derrotas deportivos volcaban a la Plaza Baquedano a multitudes que coreaban alegres himnos o manifestaban su frustración frente al monumento.

Vivimos días muy difíciles, y sus tribulaciones se transmiten directamente a nuestros niños, quienes se enfrentan a la necesidad de adaptarse a una sociedad de incertidumbre y temor. Actos vandálicos son catalogados por muchos como acciones de “protesta”, aunque nunca está bien especificado porqué y ante qué.

El conflicto de la Araucanía ha ido escalando en cuanto al grado de violencia y la tensión nacional que ocasiona. De un conflicto que se visualizaba como uno de tipo local, en que comunidades mapuches reclamaban por derechos de propiedad que les habían sido conculcadas en el pasado, se ha avanzado a un conflicto que envolvería intervención extranjera y grupos eventualmente ligados al narcotráfico.

No cabe ninguna duda que el año 2020 se constituyó en una verdadera catástrofe con respecto a la educación de los más vulnerables. Éstos, sometidos a la amenaza del contagio con el COVID19, estuvieron esencialmente desvinculados del proceso de aprendizaje y del sistema escolar.

Los recientes resultados de la Prueba de Transición Universitaria (PTU) han puesto una vez más en evidencia el gran retraso de la educación municipalizada con respecto a la privada y a la subvencionada.

Así estamos educando a nuestros niños. Por una parte, en la lógica de la violencia, transmitiendo el mensaje de que nadie es escuchado y que a nadie importa lo que sufre cada uno. Mensaje de frustración, que genera odio proyectado al futuro, lo que hace ver como normal un “desquite” incendiando edificios públicos o propiedad privada.