La miembro de la Sociedad Española de Oftalmología (SEO), la doctora Pilar Merino, ha destacado la importancia de "detectar el ojo vago antes de los cuatro años", ya que hacerlo "puede marcar la diferencia en el pronóstico visual".
"La detección y el inicio del tratamiento durante los primeros años de vida son fundamentales, ya que el sistema visual infantil se encuentra en pleno desarrollo y presenta una mayor capacidad de respuesta a las intervenciones", ha indicado con motivo de la celebración, este jueves, 15 de octubre, del Día Mundial de la Ambliopía.
De este modo, y en relación con la alteración del desarrollo visual que puede tener consecuencias a largo plazo si no se identifica a tiempo, Merino ha explicado que es una disminución de la visión que se produce cuando el sistema visual no se desarrolla correctamente durante la infancia. Puede afectar a uno o, con menor frecuencia, a ambos ojos.
Además, puede estar relacionada con problemas como estrabismo, defectos de refracción -como hipermetropía, miopía y astigmatismo- o determinadas alteraciones que impiden que la imagen llegue correctamente a la retina, siendo "uno de los principales retos" el hecho de que "puede pasar desapercibida", ha señalado, tras lo que ha declarado que "cuando afecta a un solo ojo, el niño puede desenvolverse con aparente normalidad gracias a la visión del otro, por lo que no siempre manifiesta dificultades ni es consciente de que ve peor".
LAS REVISIONES OFTALMOLÓGICAS SON ESENCIALES
Es en este contexto en el que ha subrayado que las revisiones oftalmológicas durante la infancia "son esenciales para identificar posibles alteraciones visuales, incluso cuando no existen síntomas evidentes". "La edad a la que se detecta la ambliopía es un factor relevante para su evolución", ha insistido, para incidir en que "durante los primeros años de vida, el sistema visual tiene una elevada plasticidad, lo que facilita que el tratamiento pueda mejorar el desarrollo de la visión afectada".
Sin embargo, la especialista ha manifestado que después de los cuatro años de edad, también se puede mejorar la visión. De hecho, la evaluación individual por parte del médico oftalmólogo permite determinar la estrategia terapéutica más adecuada y valorar las posibilidades de recuperación.
En cuanto a las señales a tener en cuenta, ha citado "que el niño desvíe uno de los ojos, incline o gire la cabeza para mirar, se acerque mucho a los objetos o cierre un ojo para enfocar". "También puede mostrar dificultades para calcular distancias o cierta torpeza en actividades que requieren coordinación visual", ha referido, aunque "la ausencia de estos signos no descarta un problema, ya que el niño puede ver aparentemente bien si uno de sus ojos compensa las dificultades del otro".
Con todo, ha expuesto que el abordaje depende de la causa, por lo que puede incluir la corrección de los defectos de refracción mediante gafas y, cuando está indicado, medidas para estimular el uso del ojo afectado, como la oclusión del ojo con mejor visión mediante un parche.